¿Y SI MARIO SECCO FUERA CANDIDATO A GOBERNADOR?
¿Y SI MARIO SECCO FUERA CANDIDATO A GOBERNADOR?
Del corralón municipal a más de dos décadas de gestión. Un intendente que alguna vez se subió a un árbol con una motosierra y que gobierna uno de los distritos más pequeños de la región. La pregunta que nadie parece formular: si Mario Secco hubiera administrado La Plata, Avellaneda o uno de los gigantes del Conurbano, ¿hoy estaría entre los nombres para gobernar la provincia de Buenos Aires?

Hay nombres que la política instala y nombres que la política ni siquiera se permite discutir. Gobernadores, ministros, legisladores e intendentes de los grandes municipios aparecen una y otra vez en las quinielas electorales. Pero existe una pregunta que, por disruptiva, merece ser formulada: ¿por qué Mario Secco no podría ser candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires?
Lectura Política no está anunciando una candidatura que no existe ni adjudicándole al intendente una decisión que no ha comunicado. Estamos haciendo otra cosa: poniendo antecedentes sobre la mesa y sometiéndolos a discusión.
Mario Secco no llegó a la política desde una universidad, un estudio jurídico ni una oficina partidaria. En 1979 ingresó como trabajador al Corralón Municipal de Ensenada. Después desarrolló una extensa trayectoria sindical y en 2003 llegó a la Intendencia. Desde entonces no se fue más. Ganó sucesivamente las elecciones municipales y construyó un liderazgo que ya supera las dos décadas. La propia reseña oficial del municipio registra triunfos con 44,8% en 2003, 60% en 2007, 57% en 2011, 55% en 2015 y 70,75% en 2019.
Veintitrés años gobernando no constituyen por sí solos un certificado de buena administración. La permanencia nunca debe reemplazar al análisis. Pero tampoco puede ignorarse que, en democracia, semejante continuidad requiere que los ciudadanos vuelvan periódicamente a colocar una boleta dentro de una urna.
Entonces aparece la primera pregunta incómoda: si semejante trayectoria electoral se hubiera construido en La Plata, Avellaneda, Lomas de Zamora o alguno de los grandes municipios del Conurbano, ¿seguiríamos hablando solamente de un intendente?
LA MOTOSIERRA ANTES DE LA MOTOSIERRA
Hay una fotografía de Secco que, observada desde la Argentina actual, parece adquirir un significado completamente diferente.
En febrero de 2019 un fuerte temporal golpeó la región. Ensenada desplegó un operativo con trabajadores municipales, Bomberos y fuerzas de seguridad. En medio de aquellos trabajos apareció una imagen insólita: el propio intendente subido a un árbol con una motosierra, cortando ramas. La fotografía produjo elogios y críticas; incluso hubo cuestionamientos porque trabajaba sin casco y acusaciones de que aquello era una puesta en escena. Pero la imagen existió.
Años después, la motosierra se convertiría en uno de los símbolos políticos más poderosos de la Argentina.
Y quizás aquella vieja fotografía permita formular una metáfora.
Una motosierra no tiene ideología. Es una herramienta.
Puede utilizarse para derribar o para liberar un camino. Puede cortar indiscriminadamente o retirar aquello que amenaza con caer. Puede destruir sin distinguir o formar parte de una tarea de reconstrucción.
Por eso el verdadero debate nunca debería ser simplemente motosierra sí o motosierra no.
La discusión debería ser: ¿quién sostiene la motosierra, qué decide cortar y qué hace después de cortar?
Secco aquella vez estaba arriba de un árbol después de un temporal. No estaba anunciando la eliminación del Estado. Estaba participando —con todos los cuestionamientos que aquella exposición pueda merecer— de un operativo municipal.
La diferencia conceptual es enorme.
DE UN MUNICIPIO CHICO A UNA PREGUNTA GRANDE
Ensenada no es La Plata. Tampoco es La Matanza, Lomas de Zamora o General Pueyrredón. Y allí posiblemente encontremos simultáneamente la mayor fortaleza y el mayor límite político de Secco.
Porque administrar un municipio relativamente pequeño permite una proximidad con el territorio que resulta imposible reproducir mecánicamente en una provincia de 135 municipios. Gobernar Ensenada no demuestra automáticamente capacidad para gobernar Buenos Aires. Sería intelectualmente deshonesto sostenerlo.
Pero gobernar un distrito pequeño tampoco debería inhabilitar a nadie para entrar en esa discusión.
Durante estos años Ensenada desarrolló infraestructura hidráulica, sanitaria, educativa, deportiva y urbana. En mayo de este año, el propio Secco sostuvo que cuando asumió encontró un municipio cuya deuda equivalía a tres veces su recaudación y que necesitó siete años y medio para cancelarla. Enumeró obras de agua, cloacas, puentes, desagües, centros sanitarios y escuelas; habló además de un sistema hidráulico desarrollado durante dos décadas para enfrentar las crecidas del río. Son afirmaciones del propio intendente y, como tales, deben ser evaluadas y contrastadas, pero forman parte de su balance de gestión.
En mayo de 2026 ocurrió además un hecho políticamente significativo. Axel Kicillof inauguró junto a Secco el nuevo Palacio Municipal y afirmó públicamente que el intendente había “refundado” Ensenada. El gobernador recordó decenas de visitas al distrito vinculadas con inauguraciones y actividades y destacó intervenciones en infraestructura, salud, educación y deporte.
Ese reconocimiento tampoco convierte a Secco en candidato a gobernador. Pero demuestra que estamos hablando de un dirigente con peso dentro del oficialismo bonaerense y con una relación política consolidada con el actual gobernador.
PERO TAMBIÉN HAY QUE PREGUNTAR LO INCÓMODO
Una editorial seria no puede convertirse en un folleto electoral.
Más de veinte años gobernando también obligan a discutir concentración de poder, renovación dirigencial, mecanismos de sucesión, transparencia, calidad institucional y capacidad para aceptar controles y oposición.
Y existe actualmente otra discusión que no debería esconderse: distintos medios informaron durante 2026 sobre movimientos políticos alrededor de Nicolás Secco, hijo del intendente, como eventual figura de continuidad municipal ante las limitaciones electorales que enfrenta Mario Secco para 2027. Esa posibilidad merece ser examinada críticamente porque una cosa es construir continuidad política y otra muy distinta naturalizar sucesiones familiares.
Precisamente allí está la diferencia entre analizar un dirigente y promocionarlo.
¿Y SI EL PROBLEMA FUERA EL TAMAÑO DEL MAPA?
La política bonaerense tiene una particularidad: el tamaño del municipio suele determinar también el tamaño de la vidriera.
Un intendente que gobierna cientos de miles o millones de habitantes administra presupuesto, conflictos y estructuras que automáticamente lo convierten en protagonista provincial. Un intendente de un distrito pequeño puede acumular veinte años de experiencia y continuar siendo observado como un dirigente estrictamente local.
Por eso hagamos el ejercicio inverso.
Imaginemos exactamente la misma biografía de Secco. El trabajador del corralón. El sindicalista. Las elecciones consecutivas. Las obras. Los aciertos. Los errores. Las polémicas. La motosierra arriba del árbol. Más de veinte años gobernando.
Pero traslademos todo eso a La Plata o a uno de los grandes municipios del Conurbano.
¿Estaríamos hablando hoy de un simple intendente?
Probablemente no.
Tal vez su nombre aparecería naturalmente en cualquier discusión sucesoria de la provincia.
Y esa es precisamente la provocación que Lectura Política quiere dejar planteada.
No sabemos si Mario Secco quiere ser gobernador. No sabemos si tendría estructura provincial suficiente, aceptación fuera de Ensenada ni capacidad para trasladar su modelo político a un territorio extraordinariamente desigual como Buenos Aires. Todo eso debería demostrarse.
Pero tampoco sabemos por qué esos interrogantes deberían impedir siquiera formular la pregunta.
Porque quizás la trayectoria política no debería medirse solamente por la cantidad de habitantes del municipio que alguien gobierna.
Y porque alguna vez, mucho antes de que la motosierra dominara el discurso político argentino, un intendente se subió a un árbol con una en la mano.
La utilizó para cortar una rama.
Tal vez allí haya una metáfora mucho más profunda de lo que parecía.
La discusión nunca fue solamente tener o no tener una motosierra. La discusión es saber qué hay que cortar, qué hay que preservar y, sobre todo, qué país —o qué provincia— se pretende construir después.
Por eso Lectura Política deja abierta una pregunta que probablemente incomode a más de uno:
¿Y si Mario Secco fuera candidato a gobernador?
No estamos diciendo que lo será.
Estamos preguntando algo bastante más interesante:
¿por qué no podría serlo?