Sergio Massa, la Gobernación y el tablero del poder: ¿el huevo o la gallina?
Sergio Massa, la Gobernación y el tablero del poder: ¿el huevo o la gallina?
La política argentina tiene una particularidad: nunca se juega solamente la elección que viene. Siempre se juega la siguiente. Y hoy, mientras el oficialismo nacional transita su propio desafío de gobierno, dentro del universo peronista se desarrolla una partida de ajedrez silenciosa que puede definir buena parte del escenario de 2027.
Según distintas versiones e informaciones políticas, Sergio Massa aparece nuevamente como una de las principales cartas que analiza el peronismo para competir por la Gobernación de la provincia de Buenos Aires. Sin embargo, esa decisión, si realmente está sobre la mesa, no es menor. Es probablemente una de las definiciones más trascendentes de su carrera política.
Massa no es un dirigente improvisado. Fue intendente, presidente de la Cámara de Diputados, ministro de Economía y candidato a presidente de la Nación. Construyó una identidad política propia y conoce como pocos los tiempos de la política. Quienes lo conocen saben que difícilmente tome una decisión apresurada.
Y allí aparece el gran dilema.
Ser gobernador de la provincia de Buenos Aires representa administrar el distrito más importante del país, pero también ingresar a una historia política que alimentó durante décadas un viejo mito: ningún gobernador bonaerense logró llegar a la Presidencia de la Nación. Daniel Scioli estuvo muy cerca. Muchos sostienen que perdió por múltiples factores; otros creen que sufrió fracturas dentro de su propio espacio político. Son interpretaciones políticas, no hechos judicialmente establecidos, pero forman parte del debate que aún persiste dentro del peronismo.
Lo mismo podría preguntarse Massa. ¿Conviene aceptar una gobernación que puede cerrar definitivamente una futura candidatura presidencial? ¿O resulta más conveniente preservar un liderazgo nacional?
Porque gobernar Buenos Aires nunca fue sencillo. Y menos aún si desde el primer día la gestión debe convivir con las tensiones internas del propio espacio político.
Si Massa llegara a la Gobernación, debería administrar no solamente los enormes problemas estructurales de la provincia, sino también las distintas expresiones del peronismo y del kirchnerismo. La relación con La Cámpora y con Máximo Kirchner aparece, para muchos analistas, como uno de los interrogantes centrales de cualquier futuro armado político.
Esa convivencia podría transformarse en una fortaleza... o en un conflicto permanente.
Ahora bien, toda esta discusión también depende de un factor decisivo: cómo llegue la Argentina a 2027.
Si el gobierno de Javier Milei logra estabilizar la economía, recuperar el empleo, mejorar el poder adquisitivo, generar oportunidades para que los jóvenes no quieran emigrar y construir un país donde las familias vuelvan a proyectar su futuro, el escenario político cambiará profundamente. En ese contexto, cualquier dirigente opositor deberá replantear su estrategia.
Pero si, por el contrario, la Argentina continúa con salarios deteriorados, dificultades para acceder a la vivienda, incertidumbre laboral y una creciente sensación de frustración social, inevitablemente volverán a aparecer figuras que muchos considerarán preparadas para ofrecer una alternativa de gobierno.
Allí es donde algunos imaginan que Sergio Massa podría volver a ocupar un lugar central.
Lo cierto es que nadie puede afirmar hoy cuál de esos escenarios terminará imponiéndose. Por eso también corresponde respetar el mandato popular. Javier Milei fue elegido por los argentinos y debe gobernar hasta el final de su mandato. Será la ciudadanía quien, en las urnas, evalúe sus aciertos, sus errores y decida si merece continuidad o un cambio de rumbo.
En paralelo, el peronismo enfrenta otro desafío: discutir su propia identidad.
Muchos dirigentes históricos sostienen que el movimiento fue perdiendo espacios de debate interno y que las decisiones quedaron concentradas en sectores reducidos del poder partidario. Otros defienden el rumbo actual y consideran que es el camino adecuado para reorganizar al espacio. Son diferencias políticas legítimas, pero difíciles de ignorar.
Quizás la verdadera discusión no sea solamente quién será candidato.
La pregunta de fondo es qué proyecto de país quiere ofrecer el peronismo para volver a conquistar la confianza de millones de argentinos.
Porque la política no puede reducirse únicamente a la disputa por cargos, estructuras o cajas de poder. Debe volver a discutir cómo generar empleo, cómo recuperar la educación, cómo fortalecer la seguridad, cómo darle futuro a los jóvenes y cómo lograr que ningún argentino sienta que la única salida es irse del país.
Mientras tanto, Sergio Massa probablemente siga haciendo lo que mejor sabe hacer: esperar, observar y medir cada movimiento del tablero antes de decidir.
Porque en política, muchas veces, el tiempo vale más que la velocidad.
Y quizás la verdadera pregunta no sea si Massa debe ser gobernador.
La verdadera pregunta es si el peronismo está dispuesto a construir un liderazgo pensando en la Argentina del futuro o simplemente en la próxima elección.Esta versión mantiene el formato de una editorial de análisis político, presenta las hipótesis como interpretaciones y evita afirmar como hechos cuestiones que hoy forman parte del debate político, fort
aleciendo la solidez periodística del texto.