Miércoles, 29 de Julio del 2026

AL POLLO LE EMPEZARON A CRECER LAS PLUMAS

AL POLLO LE EMPEZARON A CRECER LAS PLUMAS

Daniel Loyola comenzó a hablar como armador político y reaparece una pregunta incómoda: ¿el exfuncionario de Julio Garro construye una alternativa desarrollista o llegó el momento de cumplir la misión para la cual habría sido colocado dentro del MID?

En política, los huevos nunca se ponen todos en la misma canasta. Los dirigentes experimentados lo saben. Cuando un proyecto pierde una elección, el poder no desaparece: se dispersa, cambia de domicilio y empieza a buscar nuevos nidos.

Algunos dirigentes se quedan cuidando la estructura principal. Otros son enviados a explorar territorios diferentes. No llevan uniforme, no exhiben credencial y muchas veces hasta parecen haberse independizado. Pero hay fotografías que funcionan como un collar: no atan físicamente, aunque permiten reconocer de qué casa salió el animal.

En noviembre de 2024, Daniel Loyola, exfuncionario de Julio Garro y expresidente del Ente Municipal para la Actividad Turística de La Plata, desembarcó como vicepresidente primero del MID bonaerense. No llegó a un cargo decorativo: se ubicó directamente en la segunda posición de la conducción provincial.

En aquel momento pudo parecer una simple migración política. Un funcionario que había quedado fuera del Estado municipal después de la llegada de Julio Alak buscaba un nuevo espacio para continuar su carrera. Nada extraño. En política nadie se jubila por haber perdido una oficina.

Sin embargo, el tiempo agrega contexto.

Ahora Loyola aparece en los medios anunciando que el desarrollismo mantiene conversaciones con referentes de la UCR, del PRO y con algunos sectores del peronismo. Habla de economía, cuestiona el deterioro de las pymes, advierte sobre el cierre de fábricas y señala los problemas del interior y del conurbano. Hasta allí, una intervención perfectamente vinculada con la tradición desarrollista.

Pero cuando Loyola anuncia conversaciones con distintos partidos, deja de hablar solamente como economista o dirigente sectorial: empieza a hablar como articulador. Y cuando un dirigente comienza a recorrer varias canastas, conviene recordar quién lo acercó inicialmente al gallinero político.

La pregunta, entonces, resulta inevitable: ¿Loyola construye una fuerza autónoma dentro del MID o llegó el momento de salir a jugar la partida que alguien empezó a diseñar en 2024?

No existe una prueba que permita afirmar que Julio Garro haya ordenado personalmente el desembarco de Loyola en el desarrollismo. Pero la política no se interpreta solamente mediante expedientes firmados. También se analiza siguiendo trayectorias, relaciones, fotografías, silencios y coincidencias.

Los hechos conocidos están sobre la mesa. Loyola fue designado por Garro al frente del EMATUR en 2019. Integró su segunda gestión municipal. Después de la derrota del garrismo abandonó el organismo y, meses más tarde, apareció en la vicepresidencia del MID bonaerense. Ese recorrido fue consignado públicamente cuando asumió en noviembre de 2024.

Ahora, en julio de 2026, Loyola confirma conversaciones del MID con la UCR, el PRO y sectores del peronismo. Casualidad, autonomía o cumplimiento de una misión: ésa es la incógnita.

¿El empleado del mes?

Es posible que Loyola se sienta el empleado del mes. Tiene presencia mediática, ocupa un espacio partidario y comienza a pronunciarse sobre posibles acuerdos políticos. El pollo salió del cascarón y las plumas empezaron a notarse.

Pero recibir la distinción de empleado del mes tiene una pequeña dificultad: para ser empleado tiene que existir un empleador.

¿Quién firma el diploma? ¿El MID? ¿Eduardo Falcone? ¿Fernando Mascetti? ¿O Julio Garro, que pudo haber comprendido antes que otros que, después de perder la Municipalidad, necesitaba conservar un huevo en cada canasta?

Tal vez aquella fotografía con Garro no fue solamente un recuerdo de gestión. Quizás también fue el momento en que le colocaron un collar político: de esos que no impiden caminar, hablar ni cambiar de partido, pero que permiten identificar al dueño cuando el dirigente comienza a moverse.

Claro que también existe otra posibilidad: que al pollo le hayan crecido tantas plumas que ahora quiera volar solo.

Porque una cosa es ingresar a un espacio respaldado por un padrino y otra muy diferente es construir poder propio. Los dirigentes enviados a ocupar territorio algunas veces cumplen la orden y regresan. Otras descubren que el nuevo gallinero es más cómodo, desconocen al antiguo dueño y comienzan a poner sus propios huevos.

Allí está la verdadera pregunta que Loyola deberá responder con sus próximos movimientos: ¿es la terminal desarrollista de Julio Garro o pretende convertirse en una conducción propia dentro del MID?

El collar puede verse

Garro conoce el oficio de distribuir jugadores. Loyola conoce el turismo y, aparentemente, también comenzó a conocer el recorrido entre distintas fuerzas políticas. El MID necesita volumen territorial. El PRO necesita aliados. La UCR busca un lugar. Algunos peronistas exploran alternativas. Todos conversan con todos y nadie reconoce anticipadamente quién pagará la cena.

Pero el antecedente de 2024 permanece.

Puede que nadie haya visto la jugada cuando se realizó. Puede que pareciera apenas la incorporación de un exfuncionario municipal a un partido pequeño. Sin embargo, dos años después, el dirigente aparece hablando de alianzas, recorriendo espacios y ensayando el tono de quien pretende sentarse en la mesa donde se definen las candidaturas.

El huevo fue colocado. El pollo nació. Las plumas comenzaron a crecer.

Ahora falta descubrir si Daniel Loyola se prepara para volar con alas propias o si solamente espera el silbido de quien todavía conserva la correa.

Porque en política algu

nos collares no llevan nombre.

Llevan una fotografía.