LA ETERNIDAD DE UN CAPITAN
LA ETERNIDAD DE UN CAPITAN:
Messi y la reconstrucción de la identidad argentina.
Por Dr Maximiliano Ibarra Guevara
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Hay jugadores que ganan partidos, otros que levantan copas, pero solo uno logró sanar el tejido roto de nuestra fe futbolística y cultural. La partida de Lionel Messi nos deja ante un vacío inmenso, pero sobre todo, nos impone la obligación de mirar hacia atrás con una profunda gratitud. Durante años, la camiseta albiceleste cargó con el peso de la frustración, el exitismo desmedido y el dolor de las finales esquivas. En ese escenario, donde el exitismo local castigaba con crueldad, Messi eligió el camino más difícil: volver a intentar, resistir y, fundamentalmente, elegir a la Argentina por sobre todas las cosas.
Su figura se agiganta cuando se la contrasta con la realidad de un país tantas veces golpeado por la desidia. En un contexto históricamente habitado por especuladores, oportunistas y personajes más interesados en su propio beneficio que en el bienestar común, Lionel se erigió como la antítesis del egoísmo. Un pibe de Rosario que lo tenía todo para nacionalizarse español, que vivía en el confort del éxito europeo, pero que decidió sufrir y gozar bajo las leyes de nuestra bandera. Mientras otros miraban de reojo sus propios intereses o le daban la espalda al país en los momentos de crisis, el capitán se calzó la cinta y se cargó la esperanza de más de cuarenta millones de personas.
Agradecerle a Messi no es solo repasar sus goles imposibles o la histórica consagración en Qatar. Es agradecerle por haber sido tan visceral y genuinamente argentino. Nos devolvió el orgullo de lucir los colores patrios sin complejos ni cinismo. Su gesta no fue solo deportiva; fue una lección de pertenencia que reconcilió a generaciones enteras con el sentimiento de comunidad. Aprendimos a ganar con su magia, pero también aprendimos a levantarnos viendo cómo él se ponía de pie después de cada golpe. Limpió el barro que otros dejaron sobre la camiseta y la devolvió al lugar más alto, teñida de gloria y mística.
Hoy nos toca habitar un fútbol sin su presencia en la cancha, pero su legado ya es parte de nuestra identidad nacional. Messi demostró que se puede ser el mejor del mundo manteniendo la humildad del barrio, que la argentinidad es un refugio y un orgullo que se defiende con el pecho al frente. Gracias, Capitán, por recordarnos quiénes somos cuando estamos unidos, por limpiar las manchas del oportunismo con la pureza de tu juego y por enseñarnos, de una vez y para siempre, que la esperanza por nuestros colores nunca debe negociarse. Tu nombre ya quedó grabado en la inmortalidad de nuestra historia.
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