Lunes, 5 de Octubre del 2026

Grabois: los manotazos que también hablan de 2027

Grabois: los manotazos que también hablan de 2027

 

¿Descontrol, construcción política o una pieza más de un ajedrez que recién empieza a mostrar el tablero?

Lo ocurrido en la Cámara de Diputados el 30 de septiembre no debería reducirse a una colección de insultos, empujones y manotazos entre legisladores. Porque cuando quienes protagonizan un escándalo institucional son dirigentes experimentados, cuando existen antecedentes políticos que conectan a algunos de ellos y cuando el calendario electoral ya empieza a mirar hacia 2027, la obligación es observar también lo que ocurre detrás de la escena.

 

Juan Grabois no es un militante recién llegado a la política. Es abogado, diputado nacional, dirigente social, excandidato presidencial y conductor de una organización con estructura propia. Conoce las leyes, conoce el Congreso y conoce perfectamente el impacto político de una imagen.

Por eso resulta inevitable preguntarse qué ocurrió realmente aquel día.

Mientras Myriam Bregman exponía durante el plenario de las comisiones de Defensa Nacional, Legislación Penal y Relaciones Exteriores y Culto, comenzó una discusión con el diputado libertario Jairo Guzmán. Grabois abandonó su lugar y se dirigió hacia el sector donde se encontraba Guzmán.

Y la discusión política terminó en contacto físico.

Hubo manotazos y forcejeos. Después intervino Gerardo Huesen, quien llamó “cagón” a Grabois. El diputado respondió avanzando hacia él y ambos terminaron cara a cara hasta que otros legisladores intervinieron.

Más tarde llegaría el enfrentamiento verbal con Juliana Santillán y posteriormente con Carlos Zapata, presidente de la Comisión de Defensa Nacional. Hubo insultos, interrupciones, micrófonos cortados y finalmente la reunión terminó levantándose.

Nada de esto convierte automáticamente a Grabois en el único responsable del espectáculo. Hubo provocaciones, insultos y comportamientos impropios de distintos protagonistas. Eso también debe decirse.

Pero existe una diferencia que merece ser analizada.

Grabois decidió levantarse y desplazarse físicamente hacia otro diputado.

Y tratándose de un abogado y legislador nacional, conocedor de las reglas parlamentarias y de los límites institucionales, resulta demasiado sencillo explicar semejante comportamiento exclusivamente como un momento de calentura.

¿Descontrol o construcción?

Hay un antecedente político que modifica la lectura del episodio.

Meses antes, Grabois había hablado públicamente de construir hacia 2027 un frente político suficientemente amplio como para incorporar incluso a Myriam Bregman.

Y justamente fue durante una confrontación que involucraba a Bregman cuando Grabois decidió levantarse e intervenir.

¿Casualidad?

Puede ser.

¿Demuestra que Grabois y Bregman hayan acordado una estrategia electoral conjunta?

No.

Pero existe un antecedente político que impide ignorar la pregunta.

Grabois ya fue precandidato presidencial. Tiene estructura, discurso propio y aspiraciones nacionales. Al mismo tiempo mantiene diálogo con figuras centrales del peronismo, entre ellas Cristina Fernández de Kirchner y Axel Kicillof.

Entonces aparece una pregunta todavía mayor.

El ajedrez de 2027

No existe hasta hoy una prueba pública que permita afirmar que Cristina Fernández de Kirchner haya ordenado a Grabois protagonizar aquel enfrentamiento. Convertir esa hipótesis en una certeza sería faltar a los hechos.

Pero eso no impide mirar el tablero.

¿Y si la aparente fragmentación del peronismo no fuera solamente fragmentación?

¿Y si diferentes dirigentes estuvieran ocupando espacios políticos y electorales distintos que mañana pudieran volver a encontrarse?

Kicillof desarrolla su propia identidad. Grabois busca representar un espacio más confrontativo. Cristina continúa siendo una referencia central de una parte importante del movimiento. Y aparece además Bregman, una dirigente a quien el propio Grabois ya había mencionado dentro de la posibilidad de una construcción política más amplia.

No estamos afirmando que exista un comando secreto.

Estamos haciendo una pregunta política.

Porque las alianzas muchas veces comienzan bastante antes de que aparezca la fotografía de los dirigentes alrededor de una misma mesa.

Y entonces llegó el pedido de expulsión

Después del escándalo aparecieron iniciativas parlamentarias contra Grabois. Una propone iniciar un procedimiento disciplinario y otra plantea directamente su exclusión de la Cámara por “desorden de conducta”, recurriendo al mecanismo previsto por el artículo 66 de la Constitución Nacional.

Para excluir a un diputado se necesitan dos tercios de los miembros presentes.

 

No es automático.

Pero hay una paradoja política difícil de ignorar: cuanto mayor sea la ofensiva contra Grabois, mayor puede terminar siendo también la centralidad que adquiera su figura.

Por eso quizás estemos mirando el episodio desde demasiado cerca.

Los manotazos son la fotografía. El verdadero interrogante está fuera de cuadro.

¿Fue simplemente un dirigente que perdió el control?

¿Fue una confrontación que terminó siendo funcional a la consolidación de su perfil político?

¿Estamos viendo los primeros movimientos de sectores que hoy aparecen separados pero que podrían intentar encontrarse electoralmente en 2027?

¿O estamos ante piezas diferentes de un tablero político todavía en construcción?

No tenemos elementos para responder afirmativamente a esas preguntas.

Pero tenemos antecedentes suficientes para formularlas.

Mientras ellos miran 2027, ¿qué mira la sociedad?

Y acá aparece quizás la pregunta más incómoda de todas.

¿Cuánto de este ajedrez tiene que ver con representar a una sociedad golpeada y cuánto con garantizar la supervivencia de las propias estructuras políticas?

Porque detrás de cualquier armado electoral también existen cargos, estructuras, espacios de poder, recursos e ingresos asociados a la continuidad política.

Mientras una parte de la dirigencia calcula alianzas, candidaturas, listas y estrategias para llegar a 2027, millones de argentinos realizan un cálculo infinitamente más elemental:

si el sueldo alcanza para llenar la heladera.

Ese es el contraste que la política no debería perder de vista.

Unos pueden estar discutiendo cómo llegar a 2027.

Otros están tratando de descubrir cómo llegar a fin de mes.

Tal vez por eso el mayor error sea quedarse mirando solamente los manotazos.

Porque mientras la sociedad discute el escándalo, la política ya mueve sus piezas.

La pregunta no es únicamente qué hizo Juan Grabois en Diputados.

La pregunta es quién mueve, quién acompaña, quién conserva los espacios de poder y hacia dónde pretenden llevar el tablero.

Porque en política el escándalo puede ocupar todas las cámaras mientras el verdadero movimiento ocurre fuera de cuadro.

No mire solamente al que grita. Mire el tablero.

Ellos ya pueden estar jugando 2027. La sociedad todavía está tratando de llegar a fin de mes.