Dos diplomacias o un Estado fallido en el exterior? El análisis técnico de la simetría Milei-Kicillof en Nueva York.
Dos diplomacias o un Estado fallido en el exterior? El análisis técnico de la simetría Milei-Kicillof en Nueva York.
Por Maximiliano Ibarra Guevara
La reciente simultaneidad del presidente Javier Milei y el gobernador Axel Kicillof en la ciudad de Nueva York expuso una anomalía sistémica que trasciende la clásica grieta doméstica. Lo que ocurrió en los últimos días no fue una simple coincidencia de agendas institucionales; asistimos a la bipolaridad de la representación exterior del Estado argentino ante el orden global y los mercados internacionales.
Mientras la Casa Rosada buscó consolidar un eje geopolítico nítido y reformas de mercado, la Provincia de Buenos Aires desplegó una estrategia de paradiplomacia de contención financiera.
Choque de soberanías y el dilema legal del RIGI
El nudo gordiano de ambas giras que de corte estrictamente técnico-jurídico: la validez, estabilidad y el alcance de las garantías a la propiedad privada.
• El enfoque nacional: El Poder Ejecutivo Nacional utilizó sus foros para vender los beneficios del Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), normado en la Ley de Bases, prometiendo un blindaje fiscal y normativo para el capital extranjero de riesgo, especialmente en el sector del Gas Natural Licuado (GNL).
• La estrategia provincial: En paralelo, Kicillof se sentó con multinacionales de la talla de Google, Microsoft y Dreyfus para relativizar el impacto del RIGI y ofrecer un esquema de seguridad jurídica y competitividad basado en el entramado productivo de los parques industriales bonaerenses.
Para los bufetes de abogados y analistas de riesgo de Wall Street, esta contradicción técnica eleva el riesgo de litigio por conflicto de competencias federativas, obligando a los inversores a calcular la seguridad jurídica de sus proyectos a partir de las tensiones entre la Nación y la Provincia.
El giro doctrinario: Malvinas vs. el eje socialdemócrata.
En el plano de las relaciones internacionales y la diplomacia cosmopolita, la divergencia entre ambos mandatarios fue profundamente doctrinaria, mostrando dos visiones de inserción global irreconciliables:
• El realismo político de Milei: El Presidente sorprendió en el estrado de la 81° Asamblea General de la ONU al abandonar la pasividad discursiva previa en materia de política exterior para anclar un reclamo de soberanía hostil contra el organismo por su inacción en la causa de las Islas Malvinas, apuntando de forma directa contra la explotación británica de hidrocarburos. Consolidó además su alineamiento estratégico con Israel y el esquema global de Donald Trump.
• La red institucional de Kicillof: El gobernador bonaerense optó por recostarse sobre la red de la internacional socialdemócrata europea. Su desayuno de trabajo invitado por el alcalde neoyorquino junto al presidente español, Pedro Sánchez, y el titular del Consejo Europeo, António Costa, buscó construirle una plataforma de legitimidad institucional y previsibilidad política ante los principales centros globales de pensamiento, como la Universidad de Columbia y The New School.
El balance financiero en Wall Street
A los ojos del capital global, la Argentina ofreció un espectáculo institucionalmente complejo y fragmentado. Ninguno de los dos liderazgos logró un triunfo absoluto, pero ambos plantaron banderas estratégicas:
1. La Casa Rosada logró convalidar la confianza macroeconómica a mediano plazo en el Club de Economía de Nueva York, pero la gira concluyó sin destrabar la liquidez inmediata de divisas que el Banco Central de la República Argentina (BCRA) necesita con urgencia en el corto plazo para acelerar la salida del cepo cambiario.
2. La Gobernación bonaerense cumplió con éxito el control de daños financieros ante fondos de peso como BlackRock o Vanguard, garantizando el cumplimiento de los contratos de su deuda reestructurada para disipar los fantasmas del default, aunque su sesgo proteccionista colisiona de frente con la desregulación total que hoy tracciona el Gobierno nacional.
En definitiva, la Gran Manzana no vio a un país buscando inserción internacional; vio a dos proyectos de poder irreconciliables disputando la ventanilla del capital global. El veredicto de los mercados dependerá ahora de cuál de las dos visiones logre imponer sus condiciones en el tablero doméstico.