Lunes, 28 de Septiembre del 2026

CUANDO RECAUDAR SE CONVIERTE EN PERSEGUIR

CUANDO RECAUDAR SE CONVIERTE EN PERSEGUIR

CUANDO RECAUDAR SE CONVIERTE EN PERSEGUIR

 

Por Santiago A. Blas – Lectura Política

 

Hay entrevistas que dejan declaraciones. Y hay otras que obligan a hacerse preguntas.

 

La conversación que mantuvimos en Lectura Política, por Radio Realpolitik FM, con Mariana de Alva, secretaria general de la Unión del Personal Superior de la ex AFIP —hoy ARCA— y referente de Alternancia Republicana Federal, dejó una discusión que excede ampliamente una cuestión gremial: ¿sobre quién está descargando la Argentina el peso de sostener al Estado?

Porque detrás de las palabras técnicas aparecen personas. Está el monotributista. El profesional independiente. El comerciante. El que abrió un pequeño negocio. El que factura para sobrevivir. El que intenta mantenerse dentro del sistema mientras todos los meses hace cuentas para pagar impuestos, alquiler, servicios y llevar algo a su casa.

 

Y aparece entonces una paradoja difícil de explicar. Según planteó De Alva, profesionales altamente capacitados del organismo recaudador, algunos con posgrados, maestrías y doctorados, terminan destinados a controlar exclusiones del monotributo mientras el país continúa discutiendo cómo mejorar efectivamente la fiscalización de los grandes contribuyentes.

 

Entonces la pregunta es inevitable: ¿Argentina necesita recaudar mejor o simplemente encontrar al contribuyente más fácil de controlar?

 

No es lo mismo.

 

El pequeño contribuyente tiene nombre, domicilio, CUIT, facturación electrónica y cuenta bancaria. Está perfectamente localizado. Es sencillo encontrarlo. Mucho más complejo es investigar estructuras económicas poderosas, planificación fiscal sofisticada, maniobras de evasión o circuitos donde realmente pueden encontrarse grandes volúmenes de dinero.

 

Y un Estado serio no puede elegir siempre el camino más fácil.

 

Durante la entrevista apareció además otro dato que merece atención. De Alva explicó que el denominado gasto tributario representa alrededor del 3,42% del PBI, y que buena parte no corresponde simplemente a privilegios que puedan eliminarse con una firma: existen tratamientos establecidos dentro de las propias leyes impositivas que alcanzan actividades, instituciones y regímenes diversos.

 

Entre ellos aparece el monotributo. Y acá comienza una discusión profundamente política.

 

Porque si mañana alguien decidiera eliminar ese régimen y trasladar indiscriminadamente a millones de pequeños contribuyentes al régimen general, la pregunta no debería ser solamente cuánto recaudaría el Estado. Deberíamos preguntar: ¿cuántos podrían pagarlo?

 

Existe una enorme diferencia entre aumentar la recaudación sobre una planilla de Excel y conseguir que una persona pueda efectivamente afrontar esa carga sin cerrar su negocio, abandonar su actividad o directamente pasar a la informalidad.

 

Argentina lleva demasiado tiempo cometiendo el mismo error: confundir capacidad contributiva con facilidad de fiscalización.

 

Al que está registrado se lo controla. Al que factura se lo encuentra. Al que intenta cumplir se le exige. Y demasiadas veces, quien permanece completamente afuera del sistema termina teniendo menos problemas que aquel que decidió permanecer adentro.

 

Eso destruye uno de los principios fundamentales de cualquier sistema tributario: la confianza.

 

Pero la entrevista dejó otra discusión. La transformación de AFIP en ARCA no debería reducirse al cambio de tres letras en una puerta. La verdadera pregunta es qué administración tributaria quiere construir la Argentina.

 

Un organismo recaudador no debería funcionar como una aspiradora desesperada buscando dinero donde resulte más sencillo encontrarlo. Debe poseer inteligencia fiscal, profesionalismo, tecnología y capacidad para determinar dónde está realmente la evasión y quién posee verdadera capacidad contributiva.

 

Ahí aparece también la política.

 

De Alva reivindicó la organización sindical, las 62 Organizaciones Justicialistas y habló de un peronismo que estaría comenzando a reorganizarse silenciosamente. Confirmó además la participación electoral de Alternancia Republicana Federal dentro de una construcción más amplia.

 

Será la sociedad quien determine cuánto representa electoralmente ese espacio. Pero existe una discusión previa que todo el peronismo debería afrontar si pretende volver a hablarle a los trabajadores.

 

No alcanza con cantar la marcha. No alcanza con levantar fotografías de Perón y Evita. No alcanza con discutir candidaturas, internas, listas y lugares. Hay que volver a explicar a quién se quiere defender.

 

Porque si el trabajador formal siente que trabajar no alcanza; si el comerciante siente que abrir la persiana es una condena; si el profesional independiente teme crecer porque crecer significa saltar hacia una estructura impositiva que no puede afrontar; y si el joven observa todo esto y concluye que estudiar, trabajar y formar una familia ya no garantizan progreso, entonces tenemos un problema muchísimo más profundo que el déficit fiscal.

 

Tenemos un país perdiendo expectativas.

 

Por eso quizás uno de los momentos más políticos de la entrevista no haya ocurrido cuando hablamos de partidos. Ocurrió cuando hablamos de educación pública, maternidad, natalidad y jóvenes.

 

Porque detrás de la caída de la natalidad también existe economía. Una generación que posterga tener hijos porque no sabe si podrá alquilar una vivienda, mantener un trabajo o pagar los gastos básicos está pronunciando silenciosamente un voto de desconfianza sobre su propio futuro.

 

Y ahí ninguna estadística fiscal alcanza.

 

El Estado necesita recaudar. Por supuesto. Pero también necesita comprender a quién le está cobrando, cuánto puede pagar y qué sociedad está construyendo con aquello que recauda.

 

Porque existe un límite que ningún gobierno debería cruzar: cuando perseguir al pequeño resulta más sencillo que controlar al poderoso, la administración tributaria deja de ser solamente una herramienta de recaudación y empieza a convertirse en una máquina de injusticias.

 

Quizás por eso aquella entrevista dejó una pregunta mucho más incómoda que cualquier discusión sobre AFIP o ARCA: ¿queremos un país donde crecer signifique progresar o un país donde crecer signifique empezar a tener miedo de cuánto más nos van a sacar?

 

Esa discusión no pertenece solamente a Mariana de Alva. Tampoco pertenece únicamente al peronismo. Nos pertenece a todos.

 

Porque un sistema tributario puede recaudar dinero. Lo que nunca debería recaudar es la esperanza de quienes todavía siguen intentando trabajar, producir y progresar en la Argentina.