Martes, 25 de Agosto del 2026

ANTES DE QUE SEA DEMASIADO TARDE: LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL Y EL FUTURO DEL TRABAJO

ANTES DE QUE SEA DEMASIADO TARDE: LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL Y EL FUTURO DEL TRABAJO

 

Por Oscar Roberto Silva — Secretario General Nacional de SIVARA

Hace algunos años, cuando muchos todavía hablaban de la inteligencia artificial como algo lejano, tecnológico o propio de un futuro distante, tuve la oportunidad de plantear en Roma una preocupación que hoy adquiere una dimensión completamente diferente.

El 4 de mayo de 2023 participé del “Foro Francisco y el Trabajo”, organizado por el Instituto de Diálogo InterReligioso (IDI), bajo el lema “De Jorge a Francisco, de Argentina al Mundo”.

Fue un encuentro en el que trabajadores, empresarios e intelectuales tuvimos la posibilidad de expresar nuestras ideas frente a una realidad mundial que ya mostraba señales de profundas transformaciones.

En ese encuentro, Daniel Funes de Rioja participó en representación del sector empresario, mientras que yo lo hice llevando la voz de los trabajadores argentinos y del movimiento sindical.

Y allí advertí sobre algo que hoy, tres años después, dejó de ser una cuestión del futuro.

La inteligencia artificial, la robótica y las nuevas plataformas digitales estaban comenzando a transformar profundamente el mundo del trabajo.

No hablé en contra de la tecnología.

Hablé de la necesidad de anticiparnos.

Ya entonces planteé que estas nuevas tecnologías podían generar una gran cantidad de puestos de trabajo, pero también podían alentar la desocupación. Y sostuve que esa transformación tendría costos que debíamos enfrentar mediante el diálogo entre gobiernos, empresarios y trabajadores, para reducir sus consecuencias sociales.

Hoy aquella preocupación ya no parece una cuestión del futuro.

Es el presente.

LA DECISIÓN DEL PAPA LEÓN XIV

Por eso considero de enorme importancia que el papa León XIV haya puesto nuevamente en el centro del debate la necesidad de abordar los desafíos que plantea la inteligencia artificial y avanzar hacia criterios y regulaciones frente a su desarrollo.

Y quiero decirlo con absoluta claridad:

Esto debe hacerse urgentemente. Después puede ser demasiado tarde.

Durante aquella exposición en Roma recibí felicitaciones de numerosos religiosos y representantes de la Iglesia, que valoraron que desde el ámbito sindical se planteara con claridad la importancia y también los peligros que podía tener la inteligencia artificial si no se actuaba a tiempo.

Hoy, cuando esta preocupación comienza a adquirir una dimensión internacional, considero que aquella advertencia debe transformarse en una propuesta concreta.

No debemos quedarnos solamente con la advertencia.

Tenemos que actuar.

NO ESTOY EN CONTRA DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL

Quiero ser muy claro en esto.

No estoy en contra de la inteligencia artificial.

Estoy convencido de que puede convertirse en una de las herramientas más importantes de la humanidad.

Lo que no podemos aceptar es que una herramienta creada por el ser humano termine convirtiendo al ser humano en una herramienta descartable.

La discusión no debe ser inteligencia artificial sí o inteligencia artificial no.

La discusión debe ser para qué la utilizamos, quién la controla, bajo qué reglas funciona y qué lugar ocupa el trabajador en ese nuevo mundo.

La tecnología debe ayudarnos a producir más, a vivir mejor, a mejorar nuestros servicios públicos y a construir sociedades más eficientes.

Pero ese desarrollo debe tener un límite fundamental:

la dignidad humana.

INTELIGENCIA ARTIFICIAL PARA GOBIERNOS INTELIGENTES

También tenemos que empezar a discutir cómo utilizar esta tecnología desde el Estado.

Los gobiernos pueden convertirse en gobiernos inteligentes si utilizan la inteligencia artificial para mejorar la administración, detectar necesidades sociales, optimizar recursos, agilizar trámites, mejorar los sistemas de salud y educación, combatir el fraude y brindar respuestas más rápidas a los ciudadanos.

Pero un gobierno inteligente no puede ser un gobierno sin seres humanos.

La inteligencia artificial debe asistir al Estado, no reemplazar la responsabilidad política de quienes gobiernan.

Debe existir control humano, transparencia y reglas claras.

Argentina, y particularmente la provincia de Buenos Aires, debería comenzar a discutir seriamente este desafío y analizar cómo incorporar estas herramientas sin abandonar nunca la responsabilidad del Estado frente a sus ciudadanos.

EL FUTURO DEL TRABAJO

El otro gran desafío es el mundo laboral.

La inteligencia artificial va a transformar millones de puestos de trabajo. Algunos desaparecerán, muchos se modificarán y seguramente aparecerán nuevas actividades que hoy ni siquiera imaginamos.

No podemos pretender detener ese proceso.

Tenemos que preparar a nuestros trabajadores.

Educación, capacitación, reconversión laboral y formación permanente tienen que convertirse en políticas centrales.

Ya en aquella exposición de Roma señalé la importancia de recuperar la capacitación en artes y oficios y preparar a los trabajadores para los nuevos oficios y tecnologías.

El trabajador no puede ser abandonado frente a una transformación tecnológica de esta magnitud.

Si una máquina, un algoritmo o un sistema de inteligencia artificial aumenta la productividad de una empresa, también debemos preguntarnos qué ocurre con las personas que antes realizaban esas tareas.

El progreso no puede medirse solamente por cuánto produce una máquina.

El verdadero progreso debe medirse también por cuánto mejora la vida de las personas.

UNA REGULACIÓN MUNDIAL Y UNA RESPONSABILIDAD ARGENTINA

Por eso considero fundamental que la comunidad internacional empiece a discutir una regulación de la inteligencia artificial.

No para frenar la innovación.

No para impedir el desarrollo tecnológico.

Sino para garantizar que ese desarrollo tenga reglas, responsabilidades y un objetivo social.

Y creo que los trabajadores debemos formar parte de esa discusión.

No podemos permitir que las decisiones sobre el futuro del trabajo sean tomadas exclusivamente por empresas tecnológicas, gobiernos o especialistas.

También tienen que estar quienes todos los días trabajan, producen y sostienen la economía.

La experiencia del Foro Francisco y el Trabajo nos mostró precisamente el valor del diálogo entre distintos sectores de la sociedad. Trabajadores, empresarios, intelectuales y representantes de diferentes credos compartimos allí una preocupación común frente a los grandes desafíos de nuestro tiempo.

Ese diálogo debe continuar.

EL CAMBIO CLIMÁTICO TAMBIÉN ES PARTE DEL DESAFÍO

En aquella exposición de 2023 también advertí sobre las graves consecuencias que ya comenzaba a mostrar el cambio climático: sequías, inundaciones, guerras, falta de alimentos y otras situaciones que afectan directamente a nuestras sociedades.

Hoy esos fenómenos se hacen cada vez más visibles y tienen consecuencias económicas, sociales y laborales.

Sequías prolongadas, inundaciones, incendios, temperaturas extremas, pérdida de producción y desplazamientos de poblaciones forman parte de una realidad que tampoco podemos ignorar.

Por eso, cuando hablamos del futuro, no podemos separar inteligencia artificial, trabajo, producción y ambiente.

Son desafíos que van a estar profundamente relacionados.

La inteligencia artificial puede convertirse también en una herramienta para enfrentar estos problemas: anticipar fenómenos climáticos, mejorar la producción, optimizar el uso del agua y la energía, prevenir desastres y ayudar a los gobiernos a responder con mayor rapidez frente a las emergencias.

Pero ninguna tecnología puede reemplazar la responsabilidad humana.

AHORA ES EL MOMENTO

No sabemos exactamente cómo será el mundo laboral dentro de diez, veinte o treinta años.

Pero sí sabemos algo:

la transformación ya comenzó.

Por eso no podemos esperar a que millones de personas pierdan sus empleos, que las desigualdades se profundicen o que las consecuencias ambientales sean irreversibles para recién entonces preguntarnos qué hacer.

Tenemos que discutir ahora.

Tenemos que capacitar ahora.

Tenemos que establecer reglas ahora.

Tenemos que anticiparnos ahora.

La inteligencia artificial puede ser una herramienta extraordinaria para la humanidad.

Hagamos que lo sea.

Que sirva para crear oportunidades y no para profundizar desigualdades.

Que ayude a los gobiernos y no elimine la responsabilidad de quienes gobiernan.

Que acompañe al trabajador y no lo convierta en descartable.

Que contribuya a enfrentar el cambio climático y a proteger nuestro planeta.

Y que el progreso tecnológico tenga siempre un límite y una razón de ser:

la dignidad humana y el bienestar de las generaciones que vienen.

No se trata de detener el futuro.

Se trata de construirlo antes de que otros lo construyan por nosotros.

En 2023 llevé esta preocupación a Roma.

Hoy vuelvo a plantearla con más fuerza.

Y si el mundo está comenzando a comprender que la inteligencia artificial necesita reglas, entonces tenemos una responsabilidad histórica: participar de esa discusión y garantizar que la voz de los trabajadores también sea escuchada.

Porque el futuro no puede ser decidido solamente por quienes desarrollan la tecnología.

También debe ser construido por quienes trabajan, producen, educan, gobiernan y viven las consecuencias de las decisiones que tomamos.

La inteligencia artificial debe estar al servicio de la humanidad y no la humanidad al servicio de la inteligencia artificial.

Por eso debemos actuar ahora.

Antes de que sea demasiado tarde.

 

Oscar Roberto Silva

Secretario General Nacional de SIVARA