ANTES DE HABLAR DE FUTURO, HABLEMOS DE MEMORIA...
ANTES DE HABLAR DE FUTURO, HABLEMOS DE MEMORIA
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Alak mira la Gobernación mientras una parte de La Plata todavía espera respuestas
En política se habla mucho de memoria. Entonces tengamos memoria.
Pero memoria completa.
No solamente para recordar aquello que resulta conveniente. También para mirar hacia atrás cuando lo que encontramos incomoda a los propios.
Cuando Julio Garro asumió la Municipalidad de La Plata en diciembre de 2015, el cambio político vino acompañado rápidamente por un enorme conflicto laboral.
Miles de contratos municipales fueron puestos bajo revisión. Hubo cesantías, movilizaciones y trabajadores reclamando la continuidad de sus puestos.
La nueva administración sostenía que estaba ordenando el Estado municipal y revisando contratos de personas que no acreditaban tareas. Del otro lado, los trabajadores denunciaban que debajo de la generalización de los llamados “ñoquis” estaban quedando en la calle personas que efectivamente trabajaban.
En enero de 2016 aquel conflicto llegó hasta las puertas de la Municipalidad. Hubo Infantería, balas de goma, gases, heridos y detenidos.
Trabajadores municipales enfrentados con el Estado del que hasta pocos días antes habían formado parte.
Pero aquellos primeros meses dejaron además otra imagen que muchos platenses todavía recuerdan.
Cooperativistas fueron convocados en pleno verano al Estadio Único para cobrar. Según testimonios publicados en aquellos días, hubo trabajadores que llegaron durante la mañana y permanecieron durante horas soportando temperaturas sofocantes. Los últimos terminaron cobrando entrada la madrugada.
En aquellos mismos testimonios, cooperativistas denunciaron incluso que una persona mayor había sufrido un infarto y fallecido durante aquella jornada.
Una escena que quedó asociada a uno de los momentos más duros del comienzo de aquella administración.
Y nosotros tenemos memoria.
Por eso existe una pregunta que diez años después resulta todavía más incómoda:
¿Quiénes estaban alrededor del poder cuando ocurría todo aquello?
Garro era el intendente. Eso no está en discusión.
Pero ningún intendente gobierna solo.
Existen secretarios, subsecretarios, directores, asesores, funcionarios políticos y personal designado. Personas que confeccionan estructuras, tramitan expedientes, ejecutan decisiones y hacen funcionar una administración.
Y allí comienza la parte incómoda de esta historia.
Porque durante aquellos años hubo personas provenientes del peronismo y dirigentes vinculados históricamente a sectores del alakismo que encontraron espacios dentro de una administración conducida por Cambiemos.
Entonces corresponde preguntar:
¿Qué eran en aquel momento?
¿Peronistas trabajando para una administración amarilla?
¿Funcionarios técnicos sin pertenencia política?
¿Alakistas dentro de un gobierno conducido por Garro?
¿O simplemente integrantes de una estructura de poder capaz de sobrevivir independientemente del color político del intendente?
No necesitamos responder nosotros.o
Que responda la política.
Pero tenemos derecho a hacer la pregunta. Un
Especialmente porque algunos nombres y estructuras que atravesaron diferentes administraciones volvieron a encontrar espacios cuando Julio Alak recuperó la Municipalidad.
Y entonces la memoria deja de ser historia.
Se convierte en presente.
Porque aquellos trabajadores que quedaron afuera en 2015 y 2016 también tenían familias.
También necesitaban un sueldo.
También necesitaban una obra social.
También tenían hijos.
También necesitaban llevar comida a sus casas.
Muchos eran peronistas.
Muchos eran compañeros.
Y mientras algunos perdían todo, determinadas estructuras políticas consiguieron atravesar el cambio de gobierno y permanecer cerca del poder.
DIEZ AÑOS DESPUÉS
Julio Alak recuperó la Municipalidad en 2023 después de una elección extraordinariamente ajustada frente a Julio Garro.
Para conseguir aquella victoria hubo miles de militantes, dirigentes, referentes barriales y organizaciones que caminaron las calles, fiscalizaron, llevaron boletas, consiguieron fiscales, pusieron sus autos, pagaron combustible de sus propios bolsillos, convencieron vecinos y defendieron cada mesa.
Trabajaron para que después de ocho años el peronismo volviera al Palacio Municipal.
Sin aquella militancia resulta difícil imaginar aquella victoria.
Por eso hoy existe una pregunta que duele mucho más:
¿Dónde están esos compañeros?
Para encontrar la respuesta hay que salir de los despachos.
Hay que caminar La Plata.
Hay que recorrer Los Hornos, Villa Elvira, Altos de San Lorenzo , San Carlos, Tolosa, Ringuelet, Melchor Romero, Olmos, Abasto, Sicardi, Gonnet, Joaquín Gorina y City Bell.
Hay que hablar con los compañeros.
Y ya ni siquiera podemos resolverlo diciendo simplemente “recorramos las unidades básicas”, porque aquella histórica red territorial de unidades básicas del peronismo platense quedó fuertemente reducida.
Muchas cerraron.
Quedó el Partido como referencia institucional y permanecen entidades de bien público, clubes, organizaciones sociales, centros comunitarios y, fundamentalmente, hombres y mujeres que continúan trabajando todos los días en sus barrios.
Eso también debería preocupar al peronismo.
Porque una unidad básica nunca fue solamente cuatro paredes y un cartel.
Era territorio.
Era pertenencia.
Era discusión política.
Era el lugar donde entraba un vecino con un problema.
Era donde un militante podía hacer política aunque no tuviera ningún cargo.
Era una puerta entre el barrio y el poder.
Y muchas de esas puertas hoy están cerradas.
Por eso, si queremos conocer qué piensa verdaderamente la militancia, tenemos que ir a buscarla donde quedó: en los barrios, en los clubes, en las entidades de bien público, en las organizaciones comunitarias y en la casa de aquel militante que alguna vez abrió una unidad básica y finalmente terminó cerrándola.
Cuando uno habla allí comienza a aparecer un reproche.
Hay compañeros que dicen sentirse abandonados.
Otros aseguran que después de la elección nunca más fueron convocados.
Otros dicen directamente que no son escuchados.
Y aparecen expresiones todavía más duras:
“Nos dejaron tirados”.
“Echaron compañeros”.
“Nos utilizaron para ganar”.
“No atienden a nadie”.
Y una especialmente peligrosa para cualquier proyecto electoral:
“Esta vez no lo voy a acompañar”.
¿Significa esto que piensa así todo el peronismo platense?
Por supuesto que no.
Afirmarlo sería irresponsable.
Pero sería igualmente irresponsable fingir que ese malestar no existe.
OTRA VEZ LOS TRABAJADORES
Hay además una cuestión particularmente dolorosa.
Cuando un trabajador pierde su empleo no pierde solamente un sueldo.
Puede perder su obra social.
Puede perder la posibilidad de pagar un alquiler.
Puede perder la tranquilidad de alimentar a sus hijos.
Puede encontrarse de un día para otro sin saber cómo sostener una familia.
Por eso detrás de la palabra “ajuste” existen personas.
Y detrás de la palabra “despido” existen familias.
En junio de 2026 cooperativistas volvieron a protestar frente a la Municipalidad de La Plata por la continuidad de sus fuentes de trabajo y el fin de contratos con cooperativas.
Otra vez trabajadores reclamando.
Otra vez conflicto frente al Palacio Municipal.
Otra vez detenidos.
Naturalmente, 2016 y 2026 no son situaciones idénticas.
No pretendemos decirlo.
Pero tenemos memoria.
Y por eso resulta imposible no mirar el espejo.
2016: trabajadores afuera.
2026: trabajadores nuevamente reclamando en la calle.
Y mientras algunos compañeros denuncian que no encuentran respuestas, aparecen dentro de la administración dirigentes provenientes de otros espacios políticos.
Entonces el militante hace una pregunta extraordinariamente sencilla:
¿Para nosotros no había lugar?
Ese es el problema que la conducción política debería escuchar.
Porque un militante puede comprender perfectamente que no existen cargos para todos.
Ningún gobierno podría funcionar de esa manera.
También puede entender que un intendente incorpore técnicos o dirigentes provenientes de otros espacios cuando considera que pueden contribuir a su gestión.
Lo que resulta mucho más difícil de explicar es otra cosa:
que compañeros que estuvieron cuando había que recuperar la Municipalidad terminen sintiéndose ignorados mientras personas que estuvieron políticamente enfrente encuentran nuevamente una puerta abierta.
Entonces ya no estamos hablando de cargos.
Estamos hablando de política.
De pertenencia.
De memoria.
Y de lealtad.
¿Y LA CIUDAD?
Mientras esta discusión ocurre dentro del peronismo, afuera está La Plata.
Y La Plata tiene problemas.
Durante los últimos meses los propios vecinos han presentado miles de reclamos vinculados con el estado de las calles y el alumbrado.
Hay reclamos por baches.
Hay reclamos por basura.
Hay reclamos por iluminación.
Hay barrios que plantean problemas de infraestructura.
Hay vecinos que reclaman por inseguridad.
Y cuando llegó el fuerte temporal de fines de julio, distintos sectores volvieron a sufrir calles anegadas.
Sería intelectualmente deshonesto afirmar que la Municipalidad no realiza ninguna obra.
Las realiza.
También sería una exageración decir que absolutamente toda La Plata está abandonada.
Pero reconocer lo que se hace no obliga a esconder lo que falta.
Y fundamentalmente no elimina una pregunta:
¿Cuáles son las prioridades?
Porque mientras existen vecinos reclamando cuestiones elementales, el nombre de Julio Alak comienza a circular cada vez con mayor intensidad alrededor de la discusión política bonaerense de 2027.
Alak tiene todo el derecho del mundo a tener aspiraciones políticas.
El problema no es que quiera proyectarse.
La pregunta es otra:
¿En qué condiciones está la ciudad desde la cual pretende hacerlo?
PROVINCIA DE BUENOS AIRES: MIREN LA PLATA
Nosotros no pretendemos decirles a los bonaerenses a quién tienen que votar.
Eso lo decidirán ellos.
Pero si nuestro intendente pretende presentarse ante millones de habitantes de la provincia de Buenos Aires como una alternativa para gobernarlos, entonces los platenses tenemos como mínimo el derecho —y quizás también la obligación— de contarles nuestra experiencia.
Por eso nuestra recomendación es muy sencilla:
Provincia de Buenos Aires: miren La Plata.
Recórranla.
No se queden solamente con Plaza Moreno.
Vayan a los barrios.
Pregunten por las calles.
Pregunten por las luminarias.
Pregunten por los baches.
Pregunten por la basura.
Pregunten por la inseguridad.
Pregunten qué ocurre cuando llueve.
Pero hagan algo todavía más importante:
Hablen con quienes llevaron a Julio Alak nuevamente a la Municipalidad.
Hablen con la militancia.
Con los fiscales.
Con los dirigentes barriales.
Con los trabajadores.
Con quienes pusieron el cuerpo cuando había que ganar.
Pregúntenles cómo están hoy.
Pregúntenles si se sienten escuchados.
Pregúntenles qué ocurrió con los compañeros que perdieron su trabajo.
Pregúntenles si volverían a caminar para el mismo proyecto.
Y después saquen sus propias conclusiones.
Porque nosotros no necesitamos construir un relato contra Julio Alak.
Tenemos algo mucho más poderoso:
Tenemos memoria.
Memoria de 2015.
Memoria de 2016.
Memoria de aquellos trabajadores.
Memoria del Estadio Único.
Memoria de quienes quedaron afuera.
Memoria de los funcionarios que estaban.
Memoria de quienes permanecieron.
Memoria de quienes cambiaron de vereda.
Y memoria también de quienes volvieron.
Por eso, antes de preguntarnos si Julio Alak puede gobernar la provincia de Buenos Aires, existe una pregunta anterior:
¿Cómo está gobernando la ciudad que ya gobierna?
Y antes de presentarles un candidato a gobernador a los bonaerenses, los platenses tenemos una responsabilidad.
Contarles lo que vemos.
Contarles lo que vivimos.
Pero fundamentalmente dejar hablar a aquellos que alguna vez creyeron.
Porque quizás la advertencia políticamente más fuerte no provenga de un opositor.
Quizás provenga de un compañero peronista de cualquier barrio de La Plata que caminó, militó, fiscalizó y trabajó para recuperar la Municipalidad y que hoy, cuando le preguntan por Julio Alak, responde:
“Yo lo ayudé a volver. Pero esta vez no cuenten conmigo”.
Si esa frase empieza a multiplicarse, Alak tendrá un problema mucho más grande que cualquier candidatura.
Porque antes de pretender conquistar la provincia de Buenos Aires hay que conservar algo bastante más cercano:
la confianza de aquellos que te llevaron hasta tu propia casa de gobierno.
Y esa casa, para Julio Alak, se llama La Plata.Esta sí es la que publicaría. La diferencia importante es que ahora no hay comentarios internos míos mezclados con la voz de la editorial, y además corregí el párrafo de junio de 2026 para describir exactamente lo que está comprobado: protesta por las fuentes de trabajo y finalización de contratos con cooperativas, seguida de incidentes y 19 detenciones.