Viernes, 25 de Septiembre del 2026

PABLO JULIANO: ¿EL HOMBRE PLATENSE QUE PUEDE DAR PARA MÁS?

PABLO JULIANO: ¿EL HOMBRE PLATENSE QUE PUEDE DAR PARA MÁS?

 

Por Santiago Blas

 

Hay discursos políticos que pertenecen a un partido. Hay otros que, aun pronunciados desde una identidad determinada, consiguen atravesar esa frontera. Después de escuchar al diputado nacional Pablo Juliano en la Cámara de Diputados, me quedó una pregunta dando vueltas: ¿estamos frente a uno de esos casos?

El 23 de junio de 2026, luego de que fracasara por falta de quórum una sesión especial vinculada con la interpelación y eventual moción de censura al jefe de Gabinete Manuel Adorni, Juliano habló en el recinto. Lo hizo desde su origen radical, pero algunas de sus palabras parecieron dirigirse bastante más allá del radicalismo.

 

“Un político no se hace una fuente, un político no deja al pueblo de rodillas. Si vos te hacés llamar radical, tenés que estar acá. Si te hacés llamar de la Unión Cívica Radical, con lo que eso significa, no podés estar ausente acá. ¿Qué te dieron para no venir? ¿Qué te entregaron? ¿Qué precio estás pagando? ¿A dónde te querés llevar cientos de años de lucha de un montón de hombres y de mujeres? Nos pagamos caro la recuperación democrática. El presidente del bloque de Unión por la Patria mencionaba a Raúl Alfonsín en el 94, obvio que el jefe de gabinete es un dispositivo y que en este caso llegamos para chocarnos con la torpeza de un país entero. Ustedes están condenando a la Argentina a una crisis institucional. Ustedes, que creen que pueden hacerle pensar por un instante a la sociedad que les garpa sostener a Adorni. No hay problema, la sentencia más importante ya se la dio sus espaldas y la sentencia que les da la gente es un corrupto que le mintió a la gente, que nos mintió al Congreso, que le mintió al país y que no está en ninguna condición. Hoy, en la labor parlamentaria, algunos nos daban clases de derecho constitucional, ese mismo 29 de abril le di a Adorni una Constitución Nacional, el artículo 16 habla de la idoneidad. Adorni no es idóneo, 22 rectificaciones presentó en su declaración jurada, ¿pero saben qué? Se le desnudó a Adorni que es el símbolo de lo que vinieron a hacer: acomodarse y llevarse privilegios ustedes.”

 

Hasta aquí, Juliano. Y ahora viene lo que verdaderamente me interesa. No escribo estas líneas para discutir si tiene razón en cada una de sus acusaciones ni para convertir una intervención parlamentaria en un certificado anticipado de liderazgo. Estoy hablando de otra cosa: representatividad.

 

Juliano proviene del radicalismo y reivindica su identidad. Pero cuando habla de instituciones, idoneidad, responsabilidad frente al pueblo y de que ninguna pertenencia partidaria puede colocarse por encima de determinadas obligaciones republicanas, su discurso deja de pertenecer exclusivamente a la UCR. Puede escucharlo un radical, pero también un peronista, alguien del PRO, un desarrollista, un independiente e incluso alguien que acompañó a Milei y hoy comienza a formularse preguntas.

 

Y ahí aparece algo que la política argentina parece haber olvidado: para representar no siempre hace falta que todos piensen igual. A veces alcanza con expresar aquello que muchos, pensando distinto, sienten que debe ser dicho.

 

Pero quiero llevar esta reflexión a un terreno mucho más cercano: La Plata.

 

Porque antes de preguntarnos hasta dónde puede llegar Juliano en la política nacional deberíamos mirar qué está sucediendo en su propia ciudad. La Plata parece haber quedado atrapada en una discusión entre dos grandes polos. De un lado, el peronismo que recuperó la intendencia con Julio Alak; del otro, La Libertad Avanza intentando convertirse en la principal alternativa. En el medio quedó un espacio político enorme que todavía no encontró quién lo represente.

 

Y ahí es donde Juliano podría convertirse en algo mucho más interesante que “otro candidato radical”.

 

Porque si pretende disputar La Plata, su desafío no sería reconstruir solamente el voto de la UCR. Eso no alcanza. Tendría que construir una mayoría platense capaz de reunir radicales, peronistas desencantados, sectores del PRO, independientes, desarrollistas, vecinos sin identificación partidaria y también votantes que acompañaron a Milei pero no necesariamente quieren trasladar esa adhesión a la administración de su ciudad.

 

La elección legislativa de 2025 dejó una fotografía contundente: Fuerza Patria obtuvo el 43,66% en La Plata y La Libertad Avanza el 36,26%. Entre ambos concentraron prácticamente ocho de cada diez votos. La tercera fuerza quedó lejísimos. El dato puede leerse como una consolidación de la polarización. Pero también puede leerse exactamente al revés: hay una enorme avenida política esperando a alguien capaz de romperla.

 

La Plata necesita discutir algo más profundo que nombres. Necesita discutir qué ciudad quiere ser. Una capital provincial con universidades, hospitales, producción, conocimiento, cultura y una periferia que creció muchísimo, pero donde demasiadas veces el desarrollo del centro y la realidad de los barrios parecen pertenecer a ciudades diferentes.

 

El próximo intendente deberá hablarle al vecino de Plaza Moreno, pero también al de Gorina, City Bell, Tolosa, Los Hornos, Villa Elvira, San Carlos, Sicardi, Abasto, Romero y cada localidad que siente que paga impuestos a una ciudad que no siempre llega hasta su puerta.

 

Ahí está la verdadera oportunidad política.

 

No alcanza con criticar a Alak. Tampoco alcanza con subirse a la ola nacional de Milei. Quien quiera gobernar La Plata tendrá que construir una identidad propia de ciudad.

 

Y quizás allí Juliano tenga una posibilidad.

 

Llegó a La Plata a los 17 años y adoptó esta ciudad como propia. Hoy es diputado nacional y ha conseguido algo que no es menor: que su voz tenga volumen fuera de las fronteras de su partido. Pero si alguna vez decide mirar seriamente hacia la intendencia tendrá que transformar ese volumen nacional en territorio platense. Tendrá que caminar los barrios, escuchar al comerciante, al trabajador, al estudiante, al profesional, al productor de la periferia y, sobre todo, al vecino que ya no pregunta de qué partido es el intendente sino cuándo le van a arreglar la calle.

 

Ojo con Juliano.

 

No estoy diciendo que sea el próximo intendente de La Plata. Estoy diciendo algo diferente: empieza a reunir algunas condiciones para que resulte razonable preguntárselo.

 

Tiene origen radical, pero su desafío sería dejar de ser solamente el candidato de los radicales. Tiene exposición nacional, pero deberá demostrar arraigo local. Tiene discurso, pero deberá convertirlo en proyecto. Tiene capacidad para cuestionar al poder, pero alguna vez tendrá que explicar qué haría él si el poder estuviera en sus manos.

 

Y entonces aparece la pregunta que más me interesa: ¿La Plata puede ser su destino o apenas su punto de partida?

 

Porque quizás estemos mirando a un potencial candidato a intendente. Pero también puede ocurrir que su crecimiento político termine llevándolo hacia una discusión provincial o nacional.

 

Eso todavía nadie puede saberlo.

 

Un discurso no fabrica un estadista y una buena intervención parlamentaria no alcanza para gobernar una ciudad de la dimensión de La Plata. Juliano deberá demostrar gestión, equipo, territorio, proyecto y, fundamentalmente, coherencia. La misma vara que hoy levanta frente a sus adversarios tendrá que sostenerla mañana frente a sus amigos.

 

Pero la política también consiste en detectar movimientos antes de que se conviertan en candidaturas.

 

Por eso hoy no estoy proclamando nada. Estoy observando.

 

Y después de escucharlo, como platense me permito dejar dos preguntas sobre la mesa:

 

¿Pablo Juliano puede ser el hombre capaz de romper la polarización y disputar seriamente la intendencia de La Plata?

 

Y si consigue hacerlo:

 

¿La Plata será su llegada o puede terminar siendo el comienzo de algo mucho más grande?

 

El tiempo tendrá la respuesta. Pero cuidado: en política, muchas veces los nombres empiezan a crecer mucho antes de que aparezcan impresos en una boleta.