Miércoles, 19 de Agosto del 2026

NO TE SACO NADA, PERO TE ENDEUDO: LA JUSTIFICACIÓN QUE CONVIERTE EL FUTURO EN DEUDA

NO TE SACO NADA, PERO TE ENDEUDO: LA JUSTIFICACIÓN QUE CONVIERTE EL FUTURO EN DEUDA

Hay frases que parecen tan sencillas que nadie se detiene a discutirlas.

El presidente suele plantear una pregunta que, a primera vista, parece casi incontestable:

“¿Por qué tengo que sacarle al que tiene para darle al que no tiene?”

Suena lógico.

Suena justo.

Suena a que el Estado finalmente dejó de meter la mano en el bolsillo de unos para repartirla entre otros.

Pero hay una pregunta que falta.

Una pregunta mucho más incómoda:

¿Y qué pasa cuando, en lugar de sacarte hoy, te endeudan para mañana?

Porque la deuda pública tampoco es gratis.

No desaparece.

No se evapora.

Y mucho menos la paga el Estado como si el Estado tuviera dinero propio.

La paga la sociedad.

La paga con impuestos.

La paga con recursos que podrían destinarse a otras necesidades.

La paga con intereses.

La paga con futuras decisiones de ajuste.

Y, fundamentalmente, la paga el ciudadano que todavía ni siquiera sabe que algún día va a tener que hacerlo.

Los números oficiales permiten mirar esta discusión sin consignas.

Cuando terminó 2023, la deuda bruta de la Administración Central alcanzaba los 370.664 millones de dólares.

En junio de 2026, el stock informado por la Secretaría de Finanzas llegó a 474.192 millones de dólares.

La diferencia es de aproximadamente 103.500 millones de dólares.

Es verdad: ese aumento no puede interpretarse mecánicamente como “se tomaron 103.500 millones de dólares nuevos”.

La deuda pública también cambia por el tipo de cambio, diferencias de valuación, canjes, amortizaciones y otras operaciones.

Pero hay algo que tampoco puede discutirse:

el stock de deuda que el Estado informa hoy es sustancialmente mayor al que dejó diciembre de 2023.

Y entonces aparece la pregunta que nadie debería esquivar.

Si el ajuste fue tan profundo…

Si el gasto fue recortado…

Si se eliminó obra pública…

Si se redujeron subsidios…

 

Si jubilados, trabajadores, universidades, provincias y distintos sectores de la sociedad tuvieron que soportar el esfuerzo…

¿por qué la deuda no desapareció?

¿Por qué sigue creciendo en términos nominales?

¿Por qué el Estado continúa refinanciando vencimientos y colocando nuevos instrumentos?

Y, sobre todo:

¿qué estamos comprando con todo ese endeudamiento?

Porque aquí aparece una de las grandes discusiones que todavía no tuvo una respuesta suficiente.

Una cosa es endeudarse para construir una autopista.

Otra es endeudarse para construir una central eléctrica.

Otra es endeudarse para desarrollar infraestructura, producir, generar energía, ampliar la capacidad exportadora o financiar una inversión que mañana genere recursos.

Y otra completamente distinta es endeudarse para pagar deuda.

Porque cuando una deuda se refinancia permanentemente, la pregunta deja de ser solamente cuánto debemos.

La pregunta pasa a ser:

¿cuánto vamos a terminar pagando por aquello que ya debemos?

Y hay un dato que debería hacernos detener.

En junio de este año, la Administración Central realizó operaciones de deuda por unos 56.097 millones de dólares.

Después de considerar financiamiento, canjes, capitalizaciones, amortizaciones, pagos y cancelaciones, esas operaciones dejaron, antes de los ajustes de valuación y tipo de cambio, un aumento neto de los compromisos de unos 1.724 millones de dólares.

Es decir:

se puede tener superávit fiscal y, al mismo tiempo, continuar administrando una enorme montaña de deuda.

No hay contradicción matemática.

Pero sí hay una discusión política.

Porque el superávit fiscal no responde por sí solo a una pregunta esencial:

¿cuál es el costo total del modelo de financiamiento elegido?

El Gobierno puede decir:

“No le saco a nadie”.

Pero endeudarse también tiene un costo.

Tal vez no aparece hoy en la billetera.

Tal vez no llega como un impuesto nuevo.

Tal vez no aparece en una factura con el nombre del presidente.

Pero llega.

Llega en los intereses.

Llega en los vencimientos.

Llega en los impuestos futuros.

Llega en las decisiones que tendrá que tomar el próximo gobierno.

Y llega, finalmente, a una sociedad que no participó necesariamente de la decisión original.

Porque hay algo que la política suele hacer muy bien:

presentar el costo de hoy como sacrificio y esconder el costo de mañana como financiamiento.

Y ahí está el verdadero problema.

Si el presidente sostiene que es injusto quitarle a quien tiene para darle a quien no tiene, entonces debería aceptar la misma vara para analizar la deuda.

Porque tampoco parece justo comprometer recursos futuros de millones de argentinos para resolver necesidades financieras del presente.

No se trata de defender el déficit.

No se trata de pedir que el Estado gaste sin límite.

No se trata de volver a la Argentina del déficit permanente.

Se trata de algo mucho más sencillo:

pedir que las cuentas completas estén arriba de la mesa.

Porque un gobierno puede tener superávit.

Puede bajar el déficit.

Puede reducir determinados gastos.

Puede equilibrar las cuentas.

Pero si simultáneamente mantiene una enorme carga de deuda y continúa refinanciando vencimientos, alguien tiene que explicar cuánto cuesta esa estrategia y qué estamos dejando para los que vienen.

Porque la deuda no tiene ideología.

No vota.

No discute.

No protesta.

Simplemente vence.

Y cuando vence, alguien tiene que pagarla.

Por eso aquella frase inicial merece una respuesta.

“¿Por qué tengo que sacarle al que tiene para darle al que no tiene?”

De acuerdo.

Pero entonces hagamos la misma pregunta cuando hablamos de deuda:

¿por qué tenemos que comprometer a los que todavía no nacieron para resolver las cuentas de los que hoy gobiernan?

Porque si redistribuir es sacarle a uno para darle a otro…

endeudar también es trasladar una obligación de unos hacia otros.

La diferencia es que el segundo no siempre se ve.

No te sacan el dinero de la mano.

Te lo sacan del futuro.

Y quizás esa sea una de las formas más silenciosas de cobrar una deuda.

📻 LECTURA POLÍTICA — La Plata, Provincia de Buenos Aires

Porque si nadie te sacó nada, pero la deuda aumentó en más de cien mil millones de dólares desde diciembre de 2023, la pregunta no es solamente cuánto gastaste.

La pregunta es cuánto vas a terminar pagando.

Y, sobre todo:

¿quién lo va a pagar?