Lunes, 21 de Septiembre del 2026

Mariano Bruera: “Me dieron todo en vida”

Mariano Bruera: “Me dieron todo en vida”

Hay frases políticas preparadas para una campaña y otras que difícilmente puedan escribirse en una oficina

 

En un acto frente a su gente, Mariano Bruera dijo: “Les debo mucho más yo a ustedes que ustedes a mí. Se lo voy a devolver con laburo, con militancia y con muchísima lealtad”.

 

Y terminó con una frase todavía más profunda: “El día que me vean en el cajón, no me lloren: me dieron todo en vida”.

 

No hace falta compartir toda la historia política del bruerismo para entender lo que representan esas palabras.

 

Mariano pertenece a una generación de dirigentes que construyó política desde el territorio: caminar los barrios, conocer al vecino y entender que un municipio no puede ser solamente una oficina administrativa.

 

Fue parte de una gestión que gobernó La Plata durante ocho años, con aciertos, errores y controversias que forman parte de su historia y que no corresponde esconder. Pero tampoco corresponde borrar lo que existió.

 

Durante aquellos años hubo una concepción política que intentó acercar el Municipio a los barrios. El Presupuesto Participativo fue una de sus expresiones: vecinos discutiendo prioridades y decidiendo sobre obras para sus propias comunidades.

 

El bruerismo perdió el gobierno. Se terminaron los cargos. Cambiaron los intendentes, el país y el propio peronismo.

 

Pero Mariano siguió.

 

Y allí aparece una pregunta incómoda para la política: ¿qué hace que un dirigente continúe teniendo gente a su lado cuando ya no tiene un municipio para ofrecer?

 

La respuesta probablemente sea una sola: territorio.

 

Porque llenar un salón cuando se gobierna es relativamente sencillo. Mantener compañeros después de una derrota es otra cosa.

 

El poder convoca. La lealtad permanece.

 

El Frente Sí expresa parte de esa continuidad. Y Mariano parece haber comprendido algo elemental: la política no empieza seis meses antes de una elección. Está cuando un vecino necesita una respuesta, cuando hay que caminar un barrio y, fundamentalmente, cuando no hay cargos para repartir.

 

Por eso sus palabras adquieren otra dimensión.

 

Y aparece inevitablemente 2027.

 

No sabemos qué lugar ocupará Mariano Bruera ni corresponde convertir un acto político en el lanzamiento de una candidatura.

 

Pero tampoco sería serio ignorar el dato.

 

Mientras algunos comienzan a buscar candidatos, otros llevan años construyendo territorio.

 

La Plata deberá decidir en algún momento qué clase de dirigentes quiere: quienes conocen la ciudad solamente desde una planilla de Excel o quienes también conocen sus calles y a sus vecinos.

 

Administrar, modernizar y cuidar los recursos públicos son obligaciones. Pero una ciudad no es solamente un balance: detrás de cada número hay una persona y detrás de cada voto hay alguien que espera seguir siendo escuchado después de la elección.

 

Mariano Bruera podrá generar adhesiones y críticas. Como cualquier dirigente que atravesó el poder, su historia tiene claroscuros.

 

Pero existe algo difícil de fabricar desde una consultora: la permanencia.

 

Quizás por eso aquella frase resume mucho más que un discurso:

 

“El día que me vean en el cajón, no me lloren: me dieron todo en vida”.

 

Territorio. Militancia. Lealtad.

 

Tal vez Mariano Bruera no estuviera hablando de 2027.

 

Pero después de escucharlo, 2027 empieza a mirar a Mariano Bruera.