Miércoles, 9 de Septiembre del 2026

LAUTARO BARRERA : LA SOLIDARIDAD QUE MUESTRA LO QUE EL ESTADO NO ESTÁ VIENDO

LA SOLIDARIDAD QUE MUESTRA LO QUE EL ESTADO NO ESTÁ VIENDO

 Por Santiago Blas 

Lautaro Barrera, el frío de la calle y una pregunta incómoda para el municipio

 

Hay imágenes que no necesitan demasiadas explicaciones. Personas durmiendo en la vía pública, soportando noches de frío, sin un techo, sin abrigo y muchas veces sin siquiera un plato de comida caliente. Y frente a esa realidad aparece una escena que merece ser destacada: un joven, Lautaro Barrera, que decidió no mirar hacia otro lado y comenzó a acercarse a quienes están atravesando esa situación para llevarles alimentos, abrigo y asistencia.

No lo hace desde un despacho. No lo hace con un presupuesto municipal. No lo hace detrás de un cargo político. Lo hace poniendo el cuerpo, organizándose con vecinos y demostrando que todavía existe una sociedad capaz de reaccionar frente al dolor de otro.

Y precisamente por eso, su tarea merece ser reconocida.

Pero estas imágenes también dejan una pregunta inevitable: ¿por qué tiene que ser un joven, acompañado por vecinos solidarios, quien llegue primero donde debería existir una estructura municipal preparada para detectar, asistir y contener estas situaciones?

No se trata de culpar al intendente: se trata de preguntarle qué está viendo su equipo

Esta editorial no pretende convertir a Julio César Alak en el responsable personal de cada persona que duerme en la calle. Sería injusto y, además, simplificaría un problema social complejo.

Pero hay algo que sí corresponde señalar: un intendente responde políticamente por el funcionamiento del municipio que conduce.

Y justamente ahí aparece el verdadero problema.

Un jefe comunal no puede estar personalmente en cada esquina, en cada estación, en cada plaza o en cada rincón donde exista una persona en situación de calle. Para eso tiene funcionarios, secretarios, subsecretarios, equipos territoriales, áreas sociales y estructuras administrativas.

La pregunta, entonces, no debería ser solamente “¿dónde está Alak?”, sino algo mucho más profundo:

¿Dónde están quienes tienen que informarle al intendente lo que está ocurriendo en las calles de La Plata?

Porque si el intendente no conoce estas situaciones, alguien está fallando en la cadena de información.

Y si las conoce y no se actúa, entonces alguien está fallando en la gestión.

En ambos casos, hay una responsabilidad política que debe ser revisada.

Lautaro Barrera está haciendo algo que debería interpelar a toda la estructura municipal

Lo que está haciendo Lautaro Barrera tiene un enorme valor humano, pero también tiene un enorme valor político y social: está haciendo visible una realidad que no puede permanecer escondida.

Mientras algunos discuten candidaturas, internas, cargos y futuros electorales, él está ocupándose de algo mucho más elemental: que una persona pueda pasar una noche de frío con algo de abrigo, que alguien tenga un plato de comida y que quien duerme en la calle sienta, aunque sea por un momento, que alguien lo ve.

Eso no significa que Lautaro tenga que reemplazar al Estado.

Todo lo contrario.

Su tarea debería servir para que el Estado llegue donde todavía no llegó.

La solidaridad ciudadana puede acompañar, contener y ayudar. Pero no puede transformarse en el mecanismo permanente mediante el cual se resuelven necesidades básicas que requieren políticas públicas.

El problema no es solamente la falta de recursos: también puede ser la falta de gestión

Un municipio como La Plata tiene una estructura suficientemente importante como para contar con mecanismos de asistencia y detección de situaciones de vulnerabilidad.

Por eso, cuando un joven puede identificar en la calle una realidad que aparentemente no está siendo atendida con la urgencia necesaria, la discusión deja de ser exclusivamente social y pasa a ser también administrativa.

¿Quién recorre las calles?

¿Quién releva a las personas en situación de calle?

¿Quién informa?

¿Quién articula con las áreas de Desarrollo Social, Salud y Seguridad?

¿Quién hace seguimiento?

¿Quién vuelve al lugar al día siguiente?

¿Quién le explica al intendente que hay personas pasando frío y durmiendo en espacios públicos?

Esas preguntas no buscan atacar a una persona. Buscan encontrar dónde se rompe la cadena de gestión.

Al intendente hay que exigirle conducción, no omnipresencia

Julio César Alak no puede estar en todos lados. Nadie puede.

Pero justamente por eso necesita funcionarios capaces de estar donde él no puede estar.

Un intendente debe poder confiar en su equipo. Debe recibir información real, no informes maquillados. Debe saber qué sucede en los barrios, en las plazas, en las estaciones y en los espacios donde viven quienes quedaron fuera de todo sistema de protección.

Si esa información no llega a su escritorio, el problema es la estructura.

Si llega y no se actúa, el problema es la gestión.

Y si quienes tienen la obligación de intervenir no lo hacen, entonces corresponde preguntarse para qué están ocupando esos cargos.

Porque los funcionarios no están para acompañar al intendente en las fotografías ni para administrar oficinas: están para resolver problemas.

La política también se mide por estas pequeñas grandes cosas

Hay una política de los grandes discursos y otra política mucho más sencilla: la que aparece cuando alguien tiene frío.

Lautaro Barrera eligió esta última.

No esperó una candidatura. No esperó una campaña. No esperó que alguien le entregara un cargo. Vio una necesidad y decidió actuar.

Y eso debería generar algo más que aplausos.

Debería generar una reflexión dentro del municipio.

Porque quizás el problema no sea que el intendente no quiera ver.

Quizás el problema sea que quienes deberían mostrarle la realidad están demasiado lejos de ella.

Y ahí está el verdadero desafío para Julio César Alak: no solamente gobernar, sino asegurarse de que quienes tienen responsabilidades dentro de su gobierno estén realmente trabajando, recorriendo, informando y resolviendo.

Porque al final del día, la responsabilidad política puede delegarse en funcionarios, pero la conducción no.

Y mientras un joven como Lautaro Barrera sale a la calle para llevar comida y abrigo a quienes duermen a la intemperie, el municipio debería preguntarse algo muy sencillo:

¿Cómo puede ser que un vecino haya llegado antes que el Estado?

No para condenar al intendente.

Para exigirle que mire a su alrededor, revise a quienes lo acompañan y haga que cada funcionario esté a la altura de la responsabilidad que asumió.

Porque la solidaridad de Lautaro Barrera merece reconocimiento.

Pero la situación que él está mostrando merece, sobre todo, una respuesta institucional.