LA UNIDAD NO ALCANZA: SON LOS MARISCALES DE LA DERROTA
LA UNIDAD NO ALCANZA: LOS MARISCALES DE LA DERROTA
De repente, el peronismo descubrió la paz.

Después de años de internas, acusaciones, traiciones, operaciones cruzadas y dirigentes que se dijeron cosas que parecían no tener vuelta atrás, comenzaron a aparecer las fotos de la reconciliación. Todos juntos. Todos sonrientes. Todos hablando de unidad.
¿Casualidad?
Difícil creerlo.
Hay una lectura posible detrás de este repentino clima de convivencia: Cristina Kirchner vuelve a poner sobre la mesa una de sus principales capacidades políticas. La capacidad de juntar al peronismo cuando la necesidad electoral lo exige.
Y esto no significa necesariamente que Cristina ya haya decidido quién será el candidato de 2027. Eso todavía está por verse. Pero sí puede estar preparando el escenario para que, llegado el momento, sean determinados nombres los que queden en carrera y pueda inclinar la balanza hacia quien considere más conveniente para su estrategia.
Porque una cosa es juntar al peronismo y otra muy diferente es conducirlo.
Y ahí está, quizás, el principal problema.
Cristina ha demostrado capacidad para ordenar una parte importante del espacio y generar unidad electoral. Pero la experiencia también dejó una pregunta abierta: ¿qué ocurre después de ganar?
Porque ganar una elección no significa automáticamente saber gobernar.
El peronismo ya conoce esa película. Se juntan todos para derrotar al adversario, construyen una coalición electoral, ganan y, cuando llega el momento de decidir quién ocupa cada lugar y hacia dónde marcha el Gobierno, aparecen las contradicciones, las internas y las facturas pendientes.
El problema es todavía más profundo esta vez.
Se han lastimado demasiado entre ellos.
Se han dicho demasiado
Se han desconocido demasiado
Durante años, dirigentes que alguna vez compartieron una misma identidad política terminaron tratándose como enemigos. Se acusaron, se responsabilizaron mutuamente por las derrotas y construyeron fronteras internas que dejaron de ser ideológicas para convertirse en personales.
Ahora pretenden resolverlo con una foto
Pero una foto no reconstruye una identidad política.
Una foto solamente demuestra que pueden volver a sentarse alrededor de una misma mesa
La verdadera unidad empieza cuando dejan de preguntarse quién se queda con el poder y empiezan a discutir para qué quieren tenerlo.
Porque si el único programa capaz de reunirlos es “hay que ganarle a Milei”, entonces no estamos frente a una alternativa de gobierno.m
Estamos frente a un amontonamiento electoral.
Una bolsa de enemigos que decidió dejar de pelearse entre sí hasta después de las elecciones.
Y ahí aparecen los viejos protagonistas.
Los que ayer se señalaban con el dedo y hoy hablan de unidad. Los que participaron de las decisiones que llevaron al peronismo a sus derrotas y ahora reaparecen como si hubieran sido espectadores. Los que durante años fueron parte del problema y hoy quieren presentarse como parte de la solución.
Son los mariscales de la derrota.
Y la sociedad tiene memoria.
No alcanza con cambiar el discurso, sacarse una foto y levantar los brazos. La unidad no puede ser un refugio para quienes nunca hicieron autocrítica. No puede convertirse en una amnistía política para los responsables de haber destruido la confianza de sus propios compañeros y de una parte enorme del electorado.
Si quieren volver, primero tendrán que explicar por qué perdieron.
Si quieren conducir, tendrán que explicar qué aprendieron.
Y si quieren pedir nuevamente el voto, tendrán que decir qué van a hacer con él.
Porque esta vez no alcanza con decir “vamos todos juntos”.
Hay que decir “vamos juntos hacia acá”.
Ese es el límite entre una unidad política y un amontonamiento electoral.
Entre un proyecto y una conspiración para recuperar cargos
Entre una renovación y el regreso de los mismos de siempre
Los mariscales de la derrota pueden volver a ponerse el uniforme, pueden volver a desfilar juntos y pueden volver a fotografiarse levantando los brazos.
Pero hay algo que no pueden esconder detrás de una fotografía:
las derrotas tienen nombres, las decisiones tienen responsables y la sociedad tiene memoria.
El peronismo no necesita solamente reconciliar a sus dirigentes.
Necesita reconciliarse con una sociedad que dejó de creerle.
Y eso no se consigue juntando a los que están adentro.
Se consigue convenciendo a los que están afuera
Porque en 2027 no alcanzará con saber contra quién quieren ganar.
La pregunta que los puede desnudar será mucho más simple:
¿PARA QUÉ QUIEREN GANAR?
Y si no tienen una respuesta, entonces la tan anunciada unidad será solamente eso:
el último amontonamiento de los viejos mariscales de una derrota que todavía no se animaron a reconocer.