Sábado, 15 de Agosto del 2026

La fachada de la salud y la rosca de la cúpula

La fachada de la salud y la rosca de la cúpula

Por Dr. Maximiliano Ibarra Guevara.

 

Hoy no venimos a leer partes de prensa oficiales ni a repetir los discursos edulcorados que se arman en los despachos ministeriales de La Plata. Venimos a hablar de la realidad, de lo que el personal sufre en la calle y de la enorme distancia que hay entre el policía de a pie y los mapas de poder que se dibujan por debajo de la mesa.

 

Porque la vocación no se negocia, pero la dignidad de la salud y de las familias, tampoco.

 

El bloque de la salud: ¿logro institucional o maquillaje?

 

En las últimas semanas vimos bombardeos publicitarios en redes institucionales: videos con cámaras de última generación, luces brillantes y cortes de cinta de nuevos Centros de Salud Integral, como el de San Justo, en La Matanza, o nuevos consultorios odontológicos. Nos dicen que se están "expandiendo los beneficios".

 

Pero salgamos un segundo de la pantalla del celular y vayamos a la realidad.

 

¿Qué pasa cuando un efectivo va con su hijo con fiebre a esos centros? Se encuentra con que la gran estructura es, en realidad, un consultorio de atención primaria. Una fachada. Una clínica que, en las bases, ya llaman "la mentirosa".

 

Fachada y maquillaje.

 

Porque un policía no se enferma solo de un resfrío de lunes a viernes, de 8 a 14. El personal sufre balaceras, situaciones de alto estrés y enfermedades crónicas.

 

Cuando se necesita una derivación de alta complejidad, una cirugía urgente o una internación, aparece la triste realidad de siempre: prestadores privados que cortan el servicio porque IOMA no paga, farmacias sin stock de medicamentos esenciales para los retirados y delegaciones que cierran por "licencia anual", dejando zonas enteras desamparadas, como pasa este mes en Tigre, Villa Gesell o Tres Arroyos.

 

Nos dan un analgésico edilicio para una enfermedad que es estructural.

 

Eso no es salud integral; eso es cotillón político.

 

La interna de la cúpula: el juego de las sillas con los aportes

 

Mientras el efectivo de calle tiene que mendigar un turno médico o poner plata de su bolsillo para comprar un repuesto del móvil o su propio uniforme, ¿qué pasa en los pisos altos de la Superintendencia de Servicios Sociales y de la Caja de Retiros?

 

Las redes de retirados legítimos lo vienen advirtiendo: hay un juego de sillas encubierto.

 

Altos jefes que, habiendo pasado por la administración de los Servicios Sociales, ahora tejen redes invisibles, operando por debajo de la mesa para saltar a la Jefatura de Policía o para quedarse con el sillón presidencial de la Caja de Retiros.

 

¿Se están comprando voluntades? ¿Por qué tanta desesperación por esos cargos?

 

No es por vocación de servicio. Es por el peso de la firma.

 

La Superintendencia de Servicios Sociales y la Caja de Retiros manejan los presupuestos más millonarios y jugosos de la provincia, cajas financiadas con el descuento obligatorio: el aporte mensual que le sacan del recibo de sueldo a cada uno de los agentes, activos y pasivos.

 

Los rumores de "compra de voluntades" no nacen de la nada. Nacen de ver cómo esos cargos clave, a veces, se transforman en premios políticos, en monedas de cambio con el poder de turno o con intendentes del Conurbano, en lugar de ser ocupados por profesionales idóneos que sientan el dolor del policía herido.

 

Se tiran carpetazos, se prometen traslados y se acomodan fichas mientras el personal sigue desprotegido.

 

El momento de actuar es ahora

 

La Policía de la Provincia de Buenos Aires se sostiene por los miles de hombres y mujeres que salen a la calle a arriesgar la vida por un sueldo que siempre corre de atrás a la inflación.

 

No se sostiene por los acuerdos espurios que se puedan estar tejiendo en las sombras de los despachos.

 

Es hora de exigir a las autoridades de turno: dejen de inaugurar fachadas si adentro no hay médicos, no hay insumos ni hay respuestas reales.

 

Dejen de usar los fondos de los afiliados como trampolín político para sus ambiciones personales de llegar a ser jefes o presidentes de la Caja.

 

El dinero de los aportes es sagrado porque representa el sudor y el riesgo de la familia policial.

 

Visibilicemos el desamparo médico y exijamos que se audite cada peso que nos descuentan.

 

La pasividad es cómplice del vaciamiento.

 

Porque cuando el lobo manda, el cordero nunca es libre. Solo está esperando su turno.

 

Buenos Aires necesita volver a ser un lugar seguro para vivir y, para ello, la voluntad política debe ir de la mano de las acciones concretas.

 

Nuestra Argentina no está ajena a este ataque institucional; no permitamos que nadie la ponga en peligro.

 

Siempre del lado del derecho, la justicia, la equidad, Dios, Patria y Familia, pero sin olvidar la justicia social.

 

Una gentileza del Dr. Maximiliano Esteban Ibarra Guevara.