JORGE COASSINI, LA GUERRA POR LA HERENCIA DE CRISTINA FERNÁNDEZ
COASSINI JORGE, LA GUERRA POR LA HERENCIA DE CRISTINA FERNÁNDEZ
Máximo sostiene que sin Cristina no se puede; Kicillof busca demostrar que existe peronismo después de ella; y Massa permanece como una pieza que nadie debería descartar. Detrás de los nombres se juega algo mayor: quién puede ganar, quién puede garantizar y quién pretende heredar.
Por Jorge Coassini — Alternancia Republicana Federal

Para comprender algunas jugadas de la política argentina hay que caminar hacia atrás. Volvamos a 2003. Carlos Menem pretendía regresar a la Casa Rosada y Eduardo Duhalde necesitaba una figura capaz de enfrentarlo. Aparecieron José Manuel de la Sota, Carlos Reutemann y finalmente un gobernador patagónico todavía poco conocido nacionalmente: Néstor Kirchner, “Lupín”.
Duhalde colocó detrás suyo buena parte de la estructura bonaerense y Kirchner comenzó a mover el amperímetro. Menem ganó la primera vuelta con el 24,45 por ciento; Kirchner quedó segundo con el 22,25. Pero el segundo terminó siendo Presidente. Ante un balotaje que las encuestas anticipaban ampliamente adverso, Menem decidió no competir.
¿Por qué recordar aquella historia rumbo a 2027? Porque el peronismo cambia nombres y circunstancias, pero conserva una enorme capacidad para mover sus piezas cuando está en juego el poder. Y hoy el tablero vuelve a moverse.
Máximo Kirchner coloca nuevamente a Cristina Fernández de Kirchner en el centro. Sostiene que sin ella el peronismo pierde competitividad y reivindica sus tres fórmulas presidenciales triunfantes. Cristina, sin embargo, tiene actualmente una inhabilitación para ejercer cargos públicos.
Entonces aparece una pregunta inevitable: si Cristina no puede competir, ¿quién administrará políticamente su capital electoral?
Máximo posee apellido, estructura y militancia, pero todavía necesita demostrar volumen electoral propio. Cristina puede ordenar, bendecir una candidatura y orientar una porción importante de su electorado. Por eso quizás la pregunta no sea solamente si Cristina será candidata, sino a quién podría elegir para garantizar su espacio y quién quedaría preparado para heredarlo.
Allí aparece Sergio Massa.
Massa ya demostró capacidad para convivir con sectores diferentes. Fue candidato presidencial en 2023, conserva estructura propia y relaciones con gobernadores, intendentes, sindicatos y sectores económicos. Puede funcionar como puente.
Surge entonces una hipótesis: Massa podría volver a convertirse en vehículo electoral sin transformarse necesariamente en heredero del kirchnerismo. Cristina aportaría centralidad; Massa, amplitud y articulación; mientras Máximo preservaría estructura y continuidad.
No afirmamos que ese acuerdo exista. Estamos analizando movimientos posibles de un tablero que recién comienza a ordenarse.
Pero existe otra pieza jugando su propia partida: Axel Kicillof.
Mientras Máximo necesita demostrar que sin Cristina no se puede, Axel necesita probar exactamente lo contrario: que existe peronismo después de Cristina.
El Movimiento Derecho al Futuro forma parte de esa construcción de autonomía. Kicillof gobierna la provincia electoralmente más importante del país, posee intendentes y estructura territorial. Pero para transformarse en candidato presidencial necesita ampliar mucho más allá de su núcleo.
En ese escenario aparece Santiago Cúneo, quien respaldó una candidatura presidencial de Kicillof desde una identidad nacionalista y peronista, aunque marcando diferencias respecto del Movimiento Derecho al Futuro.
También circuló el nombre de Myriam Bregman alrededor de una eventual fórmula con Kicillof. Ella descartó públicamente esa posibilidad, por lo que sería incorrecto presentarla como una negociación existente. Pero permanece la pregunta política: ¿hacia dónde ampliará Axel? ¿Gobernadores, peronismo tradicional, progresismo, independientes, sectores de izquierda?
Ahí tenemos buena parte del tablero. Cristina conserva centralidad, pero hoy no puede competir. Máximo posee estructura, pero necesita votos propios. Massa conserva capacidad de articulación y experiencia electoral. Axel tiene territorio y pretende construir una candidatura independiente del cristinismo.
Pero desde Alternancia Republicana Federal creemos que existe otra discusión que la Argentina no puede seguir postergando.
Mientras algunos discuten quién hereda a quién, millones de argentinos quieren saber quién recuperará el trabajo, la producción, la seguridad, la educación y la posibilidad de volver a proyectar un futuro.
Desde Alternancia Republicana Federal estamos observando atentamente los movimientos del escenario nacional y las posibilidades que puedan abrirse hacia 2027. No para incorporarnos a una pelea de nombres, sino para trabajar en la construcción de un gran acuerdo nacional, republicano y federal, capaz de representar a una mayoría mucho más amplia.
Existe un enorme sector de la sociedad que parece haber quedado sin representación: argentinos que no quieren volver al pasado, pero tampoco están conformes con el presente; peronistas, radicales, independientes, desarrollistas, sectores del trabajo y la producción y ciudadanos sin afiliación partidaria.
¿Por qué la política no empieza también a construir pensando en ellos?
El desafío debería ser alcanzar coincidencias fundamentales sobre producción, trabajo, educación, seguridad, federalismo, desarrollo y respeto institucional.
No estamos hablando de juntar dirigentes para ganar una elección. Estamos hablando de construir una mayoría para gobernar la Argentina.
Por eso 2027 no debería reducirse a elegir entre el heredero de Cristina, el candidato elegido por Cristina, quien pretende sucederla desde otro espacio o la continuidad del actual gobierno.
Tiene que existir otro camino: republicano, federal y profundamente nacional.
Mientras algunos piensan quién heredará el poder, nosotros preferimos discutir qué Argentina queremos construir y qué país queremos dejarles en herencia a nuestros hijos.
Jorge Coassini — Alternancia Republicana Federal