ENTREVISTA EXCLUSIVA AL BANCO NACIONAL DE MATERIALES CONTROLADOS
ENTREVISTA EXCLUSIVA AL BANCO NACIONAL DE MATERIALES CONTROLADOS
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"Cada arma destruida es un arma menos en las calles"
El trabajo del BANMAC para neutralizar el armamento del delito
Introducción: En esta entrevista exclusiva, Sergio Sarlo nos abre las puertas del Banco Nacional de Materiales Controlados (BANMAC), el corazón del sistema que recibe, registra y destruye las armas secuestradas por la Justicia en todo el país. Un recorrido por una tarea silenciosa pero decisiva: asegurar que un arma usada en un delito jamás vuelva a aparecer en las calles.
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El edificio del BANMAC —sede central del organismo— custodia hoy cientos de miles de piezas en proceso de revisión y destrucción. Allí mismo, en recorrida oficial, la Ministra de Seguridad Patricia Bullrich junto al Director Ejecutivo del RENAR, Juan Pablo Allan, inspeccionaron personalmente el ingreso, almacenamiento y procesamiento del armamento decomisado. Una visita que da cuenta de la importancia estratégica que el Gobierno le ha dado a esta política: sacar armas de circulación es sacarle poder a la delincuencia.
LA ENTREVISTA
Periodista: Sergio, para comenzar y que los lectores entiendan de qué hablamos: ¿cuál es realmente la función del BANMAC, ese "Banco de Armas" del que se habla tan poco pero que hace un trabajo enorme?
Sergio Sarlo: Básicamente, lo que hacemos en el Banco de Armas es recibir todo el material controlado —principalmente armas y municiones— que llega desde distintos puntos del país. En su gran mayoría son armas secuestradas y decomisadas por la Justicia de cada provincia. Cuando ese material ingresa, bajo normativas y procedimientos estrictos, lo recibimos, lo identificamos, lo registramos, lo custodiamos y lo clasificamos. Y cuando corresponde, iniciamos el proceso de destrucción para darle su destino final y sacarlas definitivamente de circulación.
Periodista: Decís algo clave: "provenientes de distintos puntos". ¿De qué armas estamos hablando? ¿Son armas de cualquier tipo?
Sergio Sarlo: Es muy importante aclararlo: son todas armas provenientes del delito. No estamos hablando de secuestros a legítimos usuarios. Hablamos de armamento que ha estado involucrado en causas judiciales por robos, homicidios o diversos hechos delictivos. La idea central es muy clara: un arma que estuvo en manos de la delincuencia no puede volver jamás a la sociedad ni reaparecer en la calle.
Periodista: Y desde que asumieron las nuevas autoridades, ¿qué números hay detrás de este trabajo? ¿Cuántas armas ya dejaron de ser un peligro?
Sergio Sarlo: Hasta el momento hemos destruido unas 60.000 armas. Además, tenemos más de 200.000 custodiadas en nuestros depósitos en proceso de destrucción, y estamos coordinando el ingreso de unas 60.000 más que van llegando desde distintas provincias. El objetivo es que cada arma decomisada cumpla todo el recorrido hasta su destrucción total, para asegurar que su vida útil termine ahí, de forma definitiva.
"Detrás de cada arma hay un trabajo logístico enorme. El verdadero resultado de seguridad aparece cuando el arma completa todo el circuito y se destruye."
Periodista: Al llegar y mirar cómo estaba funcionando esto antes, ¿qué se encontraron? ¿Había algo que no andaba bien?
Sergio Sarlo: Nos encontramos con una acumulación enorme de material. Hay que entender que la Argentina es un país federal: cada provincia tiene su propio Poder Judicial, sus fuerzas de seguridad y sus depósitos. Y había situaciones de años y años de desidia: depósitos provinciales sobrecargados donde nunca se retiraban las armas, muchos sin las medidas mínimas de seguridad. Estaban acumuladas, sin procesar, sin destino.
Periodista: ¿Y cómo hicieron para destrabar eso? Porque no es fácil ir provincia por provincia y ordenar algo que estaba así hace tiempo.
Sergio Sarlo: Empezamos a trabajar provincia por provincia, articulando directamente. Fortalecimos los lazos con los Poderes Judiciales y las fuerzas de seguridad locales, coordinamos operativos conjuntos. Y así pudimos empezar a retirar todo ese material acumulado, traerlo al Banco Nacional y darle tratamiento. El resultado se nota: hoy se están sacando de circulación muchísimas más armas vinculadas al delito que antes.
Periodista: Dicen "cada arma tiene su historia". ¿Qué pasa desde que llega hasta que se destruye? ¿Cómo es ese proceso paso a paso?
Sergio Sarlo: Detrás de cada arma hay un trabajo logístico enorme. Implica coordinar comisiones, trasladar el material con custodia segura, llevar a nuestros técnicos que cargan cada dato al sistema, controlan la documentación, inventarían y fotografían cada pieza. Una vez que la Justicia autoriza el destino final, se custodia, se registra todo, y luego se procede al aplastamiento y posterior fundición. Todo el proceso es auditado ante escribano público. Nada queda librado al azar.
Periodista: Esa precisión, ese cuidado en cada paso... ¿por qué es tan importante?
Sergio Sarlo: Porque la cadena de custodia y registro es sagrada. Necesitamos saber con precisión desde cuándo el arma ingresó al país o se fabricó, hasta el momento exacto en que deja de existir. Y es ahí, cuando cerramos todo ese ciclo de manera transparente, cuando la estadística se transforma en una política real de seguridad. Porque solo así nos aseguramos: esa arma no volverá jamás a hacer daño.
En recorrida oficial por el BANMAC

La visita de la Ministra Patricia Bullrich junto al titular del RENAR, Juan Pablo Allan, frente a los cajones repletos de armas decomisadas, confirma que esta tarea dejó de ser administrativa para convertirse en política de Estado. No es casual: recorrer personalmente los depósitos, ver el volumen del material, dialogar sobre los procedimientos, demuestra que las máximas autoridades están siguiendo de cerca cada paso.
Mientras los números crecen —60.000 destruidas, 200.000 en custodia, 60.000 más en camino—, la imagen de las autoridades inspeccionando el trabajo transmite una sola certeza: se acabó el tiempo en que las armas se acumulaban en depósitos olvidados. Hoy se las recibe, se las cuenta, se las registra... y se las destruye.